Me pregunto si tanto propósito para el nuevo año, no son más que nuevas excusas disfrazadas de intenciones para seguir alejados de nosotros mismos.
"... Me pongo a régimen, me apunto a clases de inglés, aprendo zumba, hago tres cursos de lo que sea..." No sé, me suena a llenar horas. Hacer por hacer, por justificar. Sentimos culpa por no habernos atendido lo suficiente.
Cuidarse es darse horas y no gastarlas tontamente en ocios de moda que además, contribuyen a acelerar y complicar el ritmo diario.
Tenemos tanta facilidad para hacer difícil lo fácil, que ir a una simple clase de aerobic puede aportarnos más fatiga mental que una buena sudada.
Resulta triste pensar, que cuanta más actividad tengamos, más interesantes resultamos. A mi me parece que lo único que conseguimos es perdernos entre tanta cosa.
Yo creo que un buen propósito diario, sería buscar un tiempo para no hacer nada, para escuchar los ruidos que hace nuestra nariz al respirar, para aguantar los picores de la piel. Para reirnos con los gorgoteos de las tripas... Para descubrir cómo suena mi cuerpo y reconocerle en la multitud.
Lo peor del 1 de enero, es que se acaba el 2. Claro que, en cuestión de propósitos, eso es justamente lo mejor.