-¡No queremos más danza sincronizada de mariposas! -gritaron las hormigas todas a la vez para hacerse oír-.
-¡Pero sólo quedan dos días para la fiesta mayor del jardín! -exclamó el caracol más anciano-.
-Puesto que las hormigas se oponen a repetir la actuación de todos los años -contestó el duende-, propongo que sean ellas las que sustituyan a las mariposas y nos sorprendan con su ingenio.
Y llegado el día, comenzaron a congregarse hormigas de todos los jardines colindantes. Los habitantes del jardín observaban estupefactos cómo se iban amontonando unas encima de las otras, sin entender la razón de aquella extraña manera de actuar. Hasta que por fin, comprendieron que sus amigas les habían obsequiado con el mejor castellers que hasta ahora, habían presenciado.
La nota de humor la pusieron los caracoles; literalmente se les vino la casa encima, al contemplar tan bello espectáculo.
La fiesta fue un éxito.