La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

domingo, 16 de octubre de 2016

Tres pares más uno...

Cuando éramos pequeñas, la distancia de la edad, era mucha más distancia. Sobre todo para mí: ser la pequeña te condiciona de por vida. Te pone en un lugar de contínua consulta, de contínua aprobación.

Viví los acontecimientos importantes de sus vidas, con muy poca altura. Para cuando me di cuenta, ya disponía de habitación propia, mientras se había ido vaciando sin darme tiempo a reponer sus ausencias.No tuve con ellas las típicas peleas por el espejo del baño, ni las miradas cómplices de los primeros rubores. Hemos llegado todas a la edad adulta compartiendo cicatrices y pérdidas, recuerdos felices y un sinfín de vivencias.

Cada una de sus casas ha sido cobijo y refugio para mi, en las buenas y en las malas. Por eso, ahora que el tiempo nos ha equilibrado, ahora que la distancia ya no es tanta distancia, pasar unos días juntas, ha sido uno de esos regalos que por narices tiene que venir del cielo.

Mi casa se ha llenado de hermanas, de maletas, de toallas, de tazas, de cucharas... En mi casa, nos hemos desquitado de todas las vivencias pendientes. Se ha hecho fácil, se ha hecho cómodo.

Quizás mis recuerdos no me alcancen, y estos días hayan sido calcados a otros vividos, quizás. Me quedo con todo, en especial con el sosiego de los silencios al final del día, cuando posábamos los pies encima de la mesa, porque se estaba a gusto, porque estábamos en casa.