"...Que no mire, que no mire, que no mire... Igual el reflejo del sol en el cristal no deja ver lo que hay en el interior. Seguro que no me ve, casi nunca mira en esta dirección. Hoy se ha retrasado ocho minutos; he tenido que pedir otro té a pesar del nudo estomacal que me produce volver a verle. Me encanta observarle pasear con su perro, sobre todo cuando se revuelca con él y hace el idiota imitando sus gestos. Aunque nada supera su atractivo como cuando se sienta a leer y se pone sus gafas de pasta negra; con ese aire desaliñado... Es que está irresistible. Venga, lo hago ya: hoy salgo. Pero ¿y si se marcha mientras pago? Mierda, debería haber pagado al pedir. Bueno, me arriesgo. Puedo hacerlo, puedo pasear y pasar a su lado, no hay nada de extraordinario en ello, he paseado miles de veces por este parque. Pero es que aquí puedo observarle mejor, y además seguro que el perro me pone nerviosa y me doy la vuelta... Bah, mejor me quedo, igual mañana..."
"...Hoy se ha tomado dos tés, quizá se quede un rato más. Sé que sólo tiene ojos para ese gafapastas despeinado. Un puñetero cultureta de esos que pasean libros y perros. A mi ni siquiera me mira. Hasta he cambiado mi turno para poder coincidir con ella. Media hora, vivo para esta media hora en que la dedico toda mi atención desde la barra. El pulso se me acelera cada vez que gira la cabeza; por si me mira, por si me pide algo, por si parpadea y se despierta y de pronto se da cuenta de que existo..."
"...Sigue ahí, igual no es coincidencia que cada día ocupe la misma mesa. Igual se ha esperado a que llegara. Al puñetero perro hoy le ha dado por hacerse el remolón. No sé hasta cuándo se tragará mi hermana esto de querer pasear a su perro para obligarme a caminar. Mira que dejarme el libro en el coche... ¿Ahora que hago para estar más tiempo? Total, si ni siquiera leo, solo lo llevo para mirar por encima de las gafas. Joder tío ¿A qué esperas para entrar? Vamos hombre, que te está mirando, arráncate... No, si al final se quedará con el camarero que me mira mal..."
La Palabra es tan libre que da pánico...
(Benedetti)
viernes, 23 de agosto de 2013
jueves, 8 de agosto de 2013
Las damas de la mesa redonda ...
- Buenas tardes señora. ¿Esperará a su amiga o le sirvo ya el té con leche?
- Ella se ha ido, cambió de opinión, decidió que estaba cansada. Debería estar en su funeral, pero he preferido despedirla aquí.
- Lo lamento de veras... Me gustaba verlas juntas.
- Sí... Éramos un espejo donde mirarnos la una para la otra. Aunque a veces era un puñetero espejo desagradable ;-)
- ¿Le apetece leer un ratito? Tengo su libro reservado para que nadie se le adelante.
- Gracias hija, pero no me he traído las gafas y además tengo los ojos muy cansados.
- Puedo sentarme con usted diez minutos y leer en voz alta como hacía ella.
- El tono de su voz es lo que más voy a extrañar... Era infatigable defendiendo causas, argumentando, desmontando teorías... ¡Y muy apasionada leyendo!
- Yo me reía mucho con sus imitaciones y con el tono que le daba a los personajes.
- Era tremendamente payasa, sí... ¡Es tan gratificante que alguien te haga reír!
- Me preparo yo también un té y nos ponemos con el final del libro, que llevo pensando en él todo el día.
- ¿Sabías que pensábamos acabarlo hoy?
- Bueno, tengo que confesar que cada jueves, después de que se marcharan, leía exactamente las mismas páginas que ella había leído en alto. Ni una más, ni una menos. De hecho, me sentaba en la misma mesa al acabar el turno. Imaginaba que así formaba parte de este club selecto de lectura y amistad.
- De haberlo sabido, ella te hubiera sentado a la mesa de mil amores.
- De haberlo sabido, yo hubiera cambiado mi turno para no perderme ni un solo jueves de mesa redonda.
- Anda, léeme el final, que ya tengo echado el ojo a otro que tienes en la estantería del buda.
- "... Flora miró hacia arriba durante un instante, hacia la frágil cúpula azul del nocturno cielo estival. Ni una sola nube empañaba sus sublimes profundidades. Al día siguiente haría un día precioso." (La hija de Robert Poste, Stella Gibbons)
- Ella se ha ido, cambió de opinión, decidió que estaba cansada. Debería estar en su funeral, pero he preferido despedirla aquí.
- Lo lamento de veras... Me gustaba verlas juntas.
- Sí... Éramos un espejo donde mirarnos la una para la otra. Aunque a veces era un puñetero espejo desagradable ;-)
- ¿Le apetece leer un ratito? Tengo su libro reservado para que nadie se le adelante.
- Gracias hija, pero no me he traído las gafas y además tengo los ojos muy cansados.
- Puedo sentarme con usted diez minutos y leer en voz alta como hacía ella.
- El tono de su voz es lo que más voy a extrañar... Era infatigable defendiendo causas, argumentando, desmontando teorías... ¡Y muy apasionada leyendo!
- Yo me reía mucho con sus imitaciones y con el tono que le daba a los personajes.
- Era tremendamente payasa, sí... ¡Es tan gratificante que alguien te haga reír!
- Me preparo yo también un té y nos ponemos con el final del libro, que llevo pensando en él todo el día.
- ¿Sabías que pensábamos acabarlo hoy?
- Bueno, tengo que confesar que cada jueves, después de que se marcharan, leía exactamente las mismas páginas que ella había leído en alto. Ni una más, ni una menos. De hecho, me sentaba en la misma mesa al acabar el turno. Imaginaba que así formaba parte de este club selecto de lectura y amistad.
- De haberlo sabido, ella te hubiera sentado a la mesa de mil amores.
- De haberlo sabido, yo hubiera cambiado mi turno para no perderme ni un solo jueves de mesa redonda.
- Anda, léeme el final, que ya tengo echado el ojo a otro que tienes en la estantería del buda.
- "... Flora miró hacia arriba durante un instante, hacia la frágil cúpula azul del nocturno cielo estival. Ni una sola nube empañaba sus sublimes profundidades. Al día siguiente haría un día precioso." (La hija de Robert Poste, Stella Gibbons)
martes, 6 de agosto de 2013
La inauguración ...
- ¡Os quedó genial chicas! Me encanta la decoración, todo así como antiguo...
- Vintage, se dice vintage, que no estás puesta. El éxito lo tenéis asegurado, lleváis la suerte de cara, no hay más que veros.
- ¡Gracias! Buscad un hueco que enseguida os atienden.
- Bueno, rubia californiana, ja el tenim!
- Bueno, rubia de bote, no hay nada imposible, ya te lo dije.
- Lo imposible era no hacerlo. Felicidades socia, por tu empuje!
- Y por tu decisión!
- Perdonad, ¿el baño por favor?
- Al fondo a la derecha.
- Gracias!
- De nada corazón, si no lo encuentras te acompaño.
- ¿Qué? No me mires así, sólo es servicio de cortesía...
- Ya... Guapo ¿eh?
- ¿Podemos contratarlo?
- Venga rubia, tira para la barra que hay faena.
- ¿Qué te pongo?
- Algo que me anime
- Entonces toma asiento que ahora va mi compañera y te hace una terapia cervecera...
- Vintage, se dice vintage, que no estás puesta. El éxito lo tenéis asegurado, lleváis la suerte de cara, no hay más que veros.
- ¡Gracias! Buscad un hueco que enseguida os atienden.
- Bueno, rubia californiana, ja el tenim!
- Bueno, rubia de bote, no hay nada imposible, ya te lo dije.
- Lo imposible era no hacerlo. Felicidades socia, por tu empuje!
- Y por tu decisión!
- Perdonad, ¿el baño por favor?
- Al fondo a la derecha.
- Gracias!
- De nada corazón, si no lo encuentras te acompaño.
- ¿Qué? No me mires así, sólo es servicio de cortesía...
- Ya... Guapo ¿eh?
- ¿Podemos contratarlo?
- Venga rubia, tira para la barra que hay faena.
- ¿Qué te pongo?
- Algo que me anime
- Entonces toma asiento que ahora va mi compañera y te hace una terapia cervecera...
domingo, 4 de agosto de 2013
sábado, 3 de agosto de 2013
Signo de humanización nº 18 ...
Tengo un gatito. Bueno, es compartido. Nos lo colaron por la ventana en la madrugada de una noche de luna llena.
Se llama Ringo. Naranjita y blanco, y con unos ojos azules que rompen murallas, diques y sistemas montañosos si hace falta.
Me lo he traído de vacaciones. Ayer se pasó las casi cinco horas de trayecto que hicimos solos encima de mí dormido. Una imprudencia, ya lo sé. Pero es que no hubo manera de mantenerlo en el trasportin.
Lo instalé en la cocina, con todo a su alcance. Y en la paranoia de mi proceso de humanización, a la media hora de acostarme, volví a ver si estaba bien.
Entré en pánico. No había rastro de Ringo por ninguna parte. Era del todo imposible que hubiera salido de la cocina, pero también era del todo imposible no encontrarlo.
Me volví loca durante media hora, buscándolo por toda la casa. Y sucedió: me puse a llorar. A punto estuve de llamar a mi compi por teléfono, pero es que eran las dos de la madrugada.
La nevera se lo había tragado. Se metió entre sus motores a buscar el calorcito. El alivio que sentí aún me empaña los ojos, joder Ringo ¡vaya susto que me diste!
Así que busqué un jersey de lana calentito con el que arroparle, y ahí ha estado toda la noche. Ahora se ha dormido en el sofá, después de seguirme a cada paso que doy desde que me he levantado.
Y es que lo más pequeño nos impulsa a lo grande. Menos, siempre, siempre es más.
Ya ves, el pequeñín rompiendo mis sistemas de protección con sólo un pestañeo.
Hoy me he levantado más humana... Y un poco más ñoña ;-)
Se llama Ringo. Naranjita y blanco, y con unos ojos azules que rompen murallas, diques y sistemas montañosos si hace falta.
Me lo he traído de vacaciones. Ayer se pasó las casi cinco horas de trayecto que hicimos solos encima de mí dormido. Una imprudencia, ya lo sé. Pero es que no hubo manera de mantenerlo en el trasportin.
Lo instalé en la cocina, con todo a su alcance. Y en la paranoia de mi proceso de humanización, a la media hora de acostarme, volví a ver si estaba bien.
Entré en pánico. No había rastro de Ringo por ninguna parte. Era del todo imposible que hubiera salido de la cocina, pero también era del todo imposible no encontrarlo.
Me volví loca durante media hora, buscándolo por toda la casa. Y sucedió: me puse a llorar. A punto estuve de llamar a mi compi por teléfono, pero es que eran las dos de la madrugada.
La nevera se lo había tragado. Se metió entre sus motores a buscar el calorcito. El alivio que sentí aún me empaña los ojos, joder Ringo ¡vaya susto que me diste!
Así que busqué un jersey de lana calentito con el que arroparle, y ahí ha estado toda la noche. Ahora se ha dormido en el sofá, después de seguirme a cada paso que doy desde que me he levantado.
Y es que lo más pequeño nos impulsa a lo grande. Menos, siempre, siempre es más.
Ya ves, el pequeñín rompiendo mis sistemas de protección con sólo un pestañeo.
Hoy me he levantado más humana... Y un poco más ñoña ;-)
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