La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

sábado, 3 de agosto de 2013

Signo de humanización nº 18 ...

Tengo un gatito. Bueno, es compartido. Nos lo colaron por la ventana en la madrugada de una noche de luna llena.

Se llama Ringo. Naranjita y blanco, y con unos ojos azules que rompen murallas, diques y sistemas montañosos si hace falta.

Me lo he traído de vacaciones. Ayer se pasó las casi cinco horas de trayecto que hicimos solos encima de mí dormido. Una imprudencia, ya lo sé. Pero es que no hubo manera de mantenerlo en el trasportin.

Lo instalé en la cocina, con todo a su alcance. Y en la paranoia de mi proceso de humanización, a la media hora de acostarme, volví a ver si estaba bien.

Entré en pánico. No había rastro de Ringo por ninguna parte. Era del todo imposible que hubiera salido de la cocina, pero también era del todo imposible no encontrarlo.

Me volví loca durante media hora, buscándolo por toda la casa. Y sucedió: me puse a llorar. A punto estuve de llamar a mi compi por teléfono, pero es que eran las dos de la madrugada.

La nevera se lo había tragado. Se metió entre sus motores a buscar el calorcito. El alivio que sentí aún me empaña los ojos, joder Ringo ¡vaya susto que me diste!

Así que busqué un jersey de lana calentito con el que arroparle, y ahí ha estado toda la noche. Ahora se ha dormido en el sofá, después de seguirme a cada paso que doy desde que me he levantado.

Y es que lo más pequeño nos impulsa a lo grande. Menos, siempre, siempre es más.

Ya ves, el pequeñín rompiendo mis sistemas de protección con sólo un pestañeo.

Hoy me he levantado más humana... Y un poco más ñoña ;-)

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