¿Qué se supone que debía pedir? El milagro no había llegado y ya sólo
quedaba tiempo para el dolor.
Se le hacía muy difícil permanecer serena mientras pedía un poco de
consuelo, algo que la aliviara y sobre todo que le aliviara a él. Caminar hasta
la ermita siempre la reconfortaba, todo el recinto invita al silencio; sólo que
hoy a ella lo que le apetecía era chillarle a todos los santos y a la madre que
los parió.
Atesorar cada minuto ¿cómo narices se hace eso, mientras el amor de tu
vida te está dejando en ese mismo minuto?
Estaba agotada, pero sabía que aguantaría. El tiempo se encargará de
retornarme a mi vida -pensó-. A pesar de la crudeza del momento, entendía de
ritmos, de etapas, de vivencias y de voluntad para tomar de cada una de ellas
lo mejor.
No era de esconderse en esquinas, eso no iba con ella. Recibia de frente
tanto lo apetecible como lo desagradable. Ahora tocaba pena, pero caray ¡cómo
se había disfrutado gran parte de su vida!
Se está tan bien aquí... A pesar de la frialdad de las piedras... Pero
se ven tan fuertes... ¡Y silenciosas! Estaba tan harta de las frases hechas,
vacías, lineales y estúpidas...
No se puede poner buena cara si no se tiene. Estaba jodidamente jodida
¿habría alguien que se atreviera a mirarla y reconocerlo?
Que pasará: ¡lo sabía! Que saldría adelante: ¡también lo sabía! Que era
fuerte: ¡no me digas! Que había sido mejor asi :¿para quién, para ti? Que había
hecho lo que había podido: ¿aparte de romperse?...
¿Alguien podía decirle que era una verdadera PUTADA?
(No es una putada, amiga. Es un PUTADÓN.)