Es un hecho: la cerveza no es compatible con Pavarotti... Ni con un sofá vacío.
Contrariamente a lo esperado, te da claridad, te pega de bofetadas con la más real de las realidades: tú, tú misma y tus circunstancias. Y si además aparece Banderas en el Hormiguero, te preguntas si no te habrás quedado corta con el líquido elemento.
Ùltimamente está cabrona conmigo. Ya ni me pasea en noria, ni me sube ni me baja; ni siquiera un pequeño mareo. No tiene consideración ni medias tintas y me ofrece su visión sin anestesia.
Que no digo yo que no sea bueno para mi, no. Pero rubia (de lata), no me hagas esto en una noche de luna llena, con Banderas en la tele, Ringo ausente en el sofá, dos cojines libres, el móvil en tiempo de silencio, las hormonas pidiendo mojitos y las posibilidades en viaje fin de curso.
Lo sé rubia (de lata), lo sé. A ratos no habito mis espejos. Ando detrás de la impostora, pero cuando yo llego, ella se va, y así no hay forma.
Si a pesar de la cerveza, escuchas a Pavarotti, no dejes de escucharlo hasta que la rubia (de lata), no sea una amenaza para ti; de lo contrario, te hará pensar y eso sí que es jodido en esta noche y con esta luna.
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