La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

martes, 28 de mayo de 2013

La venganza de la fresa ...

Hoy la mermelada estaba ácida.

Durante años he rechazado la de fresa por un recuerdo tonto adolescente. Un helado con ese sabor me hizo vomitar y desde entonces sólo toleraba la fresa natural.

Hasta que mi compañera de piso compró mermelada de fresa, y yo aburrida de las tostadas mediterráneas, me la unté en pan. Me sentó muy bien, aun a mi pesar, diré que hasta estaba riquísima.

Pero por esas cosas tontas de llevar las lealtades hasta el extremo, aún había en mi un sentimiento de traición a mi principio de odio a todos los derivados de aquella cruel fresa convertida en polo, que tuvo la desfachatez de indigestarme.

Y para vengar esa infidelidad, volví a comprar mermelada de albaricoque, porque ¡yo siempre he sido de albaricoque o ciruela!

Error. Después de probar las bondades de la fresa confitada, el albaricoque me ha decepcionado. Muy a mi pesar, muy muy a mi pesar... ¿Pero cómo puede ser? ¡No le puedo hacer esto al albaricoque! ¡Con los buenos ratos que me ha dado!

Pues ya ves, es que está ácida. O es la marca o es que el albaricoque ya no te pone...

¿Tendré valor para elegir la mermelada que me apetezca, sin atender a sobornos mentales ni lealtades ridículas? ¿Podré hacerlo sin bajar la mirada para no cruzarme con los otros sabores?

Esto promete.

Una cosa es cierta: no quiero ácidos en mi vida. No, si puedo elegir.

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