La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

viernes, 23 de mayo de 2014

Menos mal que la primavera nos altera todo y nos salva del encefalograma plano...
(...) Importa mucho y el todo, una grande y muy determinada determinación, de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quién murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino, siquiera se hunda el mundo, como muchas veces parece. (Teresa de Ávila)

miércoles, 14 de mayo de 2014

Ratitos...

La buena vida...

                                            


Las buenas celebraciones...

                                                 

El buen amor...

                                         

El buen sol...

                                         

La buena música...

                                      

La buena compañía...

                                          

martes, 13 de mayo de 2014

La vida mancha ...

Quiero que la vida me toque -me repetía constantemente-. Después de este año, puedo asegurar que al menos, la vida mancha. Sobre todo a la hora de comer si convives con niños.

Criar es educar sin descanso, es cierto. Pero lo que olvidamos, es que ellos también nos educan a nosotros. Y a la vida no se le ocurrió otra cosa que ponerme a dos crios de cuatro años para mostrarme que vivir es toquetearlo todo, todo.

Comprobar cómo sus manos impregnadas de sabores varios se posan y decoran cualquier superficie, me hace pensar -después de sobreponerme a la situación- que quizás mis superficies eran pelín asépticas. Y que si no saboreo la vida con los dedos, dificilmente le voy a pillar el gusto a esto de vivir.

No voy a negar lo desesperante que es la plastilina y sus increíbles utilidades; o cómo la manera que tienen de hidratar su cara y pelo con petit suisse, me hace jurar en arameo. Para enfrentar estas situaciones se requiere mucho autocontrol, un potente limpiador y un gran sentido del humor para partirte de risa por sus ocurrencias -cuando no te ven-. Esto me hace pensar que no puedo limitarme a mi propia visión de las cosas. Está bien fortalecer mi criterio, pero sin perder de vista que hay tantas posibilidades como perspectivas. El hecho de que el petit suisse -hasta ahora- es considerado un yogurt al queso, no quiere decir que no se pueda usar como crema limpiadora, blanqueador de suelos o un cremoso champú.

Flexibilidad. Me están anulando las normas a base de golpes de espontaneidad y descaro. Preguntones hasta decir basta -es cierto- pero qué manera tan sencilla de recordarme que curiosear es descubrir. ¿Puedo probarlo? - Sugieren ante cualquier alimento desconocido-, y lo prueban, lo escupen, lo dejan a medias o lo comen. Pero ¿acaso hay otra manera de saber lo que te gusta y lo que no? Con ello reconozco, que quizás demasiado a menudo, rechazo encuentros y posibilidades de ricas experiencias, sólo porque a primer golpe de vista no me resultan atractivas.

Que rechacen mi beso o mi abrazo, lejos de hacerme sentir mal, me enseña a dosificar el dar, a no abrumar, a recibir su amor cuando quieren darlo; a respetar que no quieran recibir. Intento transformar la exigencia velada que lleva un "dame un beso", por la claridad de un "me gustaria darte un beso". Algunas veces me contestan que a ellos no, con lo cual observo que la frustración sigue dando pellizquito, y que la edad no anula las ganas de ser correspondida.

Ellos me muestran, que la vida ha de pasar por mi. Y si mis días no me manchan, no tienen sabor, no son curiosos ni espontáneos, probablemente, la vida esté pasando de largo... Y de mí.








lunes, 12 de mayo de 2014

Me pregunto qué sentido tiene mantener deseos a largo plazo, si soy y me siento breve. ¿Por qué esperar? Si es bueno para mi, cuanto antes mejor; si no va a ser bueno, mucho mejor cuanto antes.

miércoles, 7 de mayo de 2014

23:18 h. Sin título

Hay tardes, jodidas tardes, en que las dolorosas consecuencias de aquella puñetera elección, se empeñan en visitarme todas juntas.

Y de nada me sirven mis avances, ni cursos ni talleres. Ni lo aprendido en los libros del Riso, el Bucay, el Dyer ni la madre que los parió. Y es que me agarran en el pecho y en la voluntad. A duras penas mantengo la compostura  fingiendo atención, cuando lo que en verdad me gustaría es que dejaran de invocar a mis viejos fantasmas.

Hay tardes en las que rogaría a los dioses un viaje al pasado, con tal de no tener estas tardes en el futuro.

No hay presente, no hay aceptación ni perdón; kilos de vano sufrimiento, herida lacerante que duele y escuece. No es nada inteligente dejarme asustar a estas alturas, lo sé; peor aún es fingir que esta puta arena movediza no me traga en tardes como esta.

Pues me ha tragado sí, estoy de arena hasta las trancas. Es lo que hay.