Qué suave amanece...
Hoy llegó hablando bajito y sin hacer ruído. Nos ha envuelto en medio de una confidencia en un paseo cálido.
La chica de la ventana, se ha quedado expuesta a las miradas curiosas, sin apenas acabar su cigarrillo. Ella, que probablemente se escudaba detrás del pequeño punto rojo con humo, para sacar a airear sus pensamientos.
Supongo que es así todos los días, pero hace tiempo que no contemplaba cómo le pone vida a las calles.
En un pestañeo ya sabes que aquél borrón negro de hace un momento, es un contenedor donde se alivian la vejiga y los excesos, tres chavales, a los que el amanecer tampoco les ha avisado de que estaba llegando.
Que se lo pregunten a esa pareja, que les ha pillado sin acabar de darse el achuchón, confiados en el amparo de la noche.
Qué suave llega, y qué rápido.
No nos ha dado tiempo ni a un desayuno playero. Había que darse prisa en llegar.Y es que a pesar de todo lo que el amanecer tenía para ofrecernos, los ojos se nos iban cerrando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario