Hay cositas del alma que no dejan de pellizcar. Y a pesar de la costumbre, el alma no se adormece ni se vuelve insensible. Cada pellizco duele y encoge como la primera vez.
Y sólo queda aguantarse el picor, y hacer como si fuera pasajero. Aún sabiendo que lloverá y no escampará, porque donde hay dolor hay lágrimas; y una herida mojada no se cura nunca.
A veces, sólo a veces, el picor es como caricia que alivia. Y olvidas por un tiempo que algo rasca tus sentimientos. Aunque sin saberlo, vigilas por si ataca, mirando de reojo.
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