No hay peor cosa que perderse de vista. No me gusta estar desconectada de mí misma, eso sólo me trae confusión y olvido.
No atisbo a reconocer si la voz es mía o por el contrario es eco del pasado rebotando en mis dudas y temores.
Y me olvido de que decidí no repetir pautas añejas con sabor a desaliento, de que me cambié de gafas para estrenar mirada; me olvido de que la vida, como dice una de mis sobrinas, son dos días y uno de resaca...
No voy a perder más el tiempo buscándome contínuamente en otros ojos, ni reconociéndome en otras voces. Básicamente porque nunca estoy allí.
Sigo pensando que esto de vivir es fácil, solo que nos gusta complicarlo todo. No sé qué carajo tememos perder, no sé qué nos paraliza a la hora de entregarnos a la vida, al sentir, al amar, al compartir, al intentar...
Miles de almas solas por temor a dejar la puerta abierta.
No me gusta perderme de vista, me he perdido un poquito, pero ya estoy.
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