Es que nunca he imaginado esa posibilidad para mi. Las ensoñaciones me han alimentado lo suficiente para sobrevivir al tsunami existencial del "nada compartido".
Nunca estás a mi lado para completar la mesa, el coche lo llevo yo siempre; no quedas conmigo para pasear, en el cine pido la butaca del pasillo y me compro en spray la crema protectora.
Son ellas las que piensan en ti, a las que se les encoge el estómago cuando te ven; ellas te llevan al trabajo, de compras y de vinos, te meten en su cama, te desayunan, te buscan en paradas de autobús, a la salida del metro, debajo del maillot de colores imposibles a juego con el casco...
Contemplan una estrella y te piensan, amanece y te piensan, llueve y se estremecen... Y te piensan.
Sé de tu existencia por ellas. Me cuentan tus andanzas, tus putadas, tus progresos. Te amo y te odio desde su visión. Te odio más que te amo por ser el termómetro que mide sus vidas.
Te odio por tu insignificancia, por el poder que ejerces y que te dan. Porque aunque yo me sienta valiosa, que no estés a mi lado, me resta valor ante los ojos de la gente. Te odio por confundirme, por temerte; por hacerme sentir que no te merezco aunque tú nunca lo hayas pensado. Porque si no estoy en tu lado ni el mio ¿a cuál pertenezco?
Te odio por tener que haber sido sombra para escapar de ti. No me dejabas ser yo, porque si lo era me veías ¡y no debías verme!
No ocupas mi mente, no te pienso ni te sueño. No sé cómo hacerlo sin saltar por encima de ellas, o apartarlas o ignorarlas... Si te pienso, o te hablo, no sé cómo evitar hacerlo desde el resentimiento de tantas confidencias. He vivido sus desencantos, tus traiciones, sus corazones rotos... Sus penas por días, por semanas. El dolor de tu puñetera ausencia y el incontrolable apego a tu presencia.
No sé cómo transformar la rabia al comprobar cómo recogen sus pedacitos y vuelven contigo... No sé cómo hacerlo.
Justo ahora, que empiezas a verme...
Te amo por fijarte en mi, por decírmelo y reiterarlo. Porque si me imagino en tus brazos soy hasta capaz de olvidarme de todo lo anterior.
Te odio por desear que vengas y me lo hagas olvidar. Te odio por no entenderme, por no ser capaz de ver mi herida, por no obviar mis protecciones y hacerte un escudo con ellas para que mis dardos no te alcancen.
Aún así te esperaba siempre: en la mesa, en el cine, en el paseo, en mi espalda... Pero nada. No se busca a una sombra. Y aún así ¡he tenido que buscar tu lado bueno para mostrárselo a ellas cuando se lo hacias olvidar! ¡Puta mierda!
No sé cómo hacerlo. ¿Cómo te dejo entrar? ¿Cómo limpio todo esto? ¿De dónde saco las ganas y las mariposas? Con tanto protector estomacal me las he cargado a todas...
Por si acaso ya sabes: tú no dejes de pasar... Que cualquier día salgo.
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