Impresionante demostración de vida a ras de tierra. Malabares, bongos, flautas andinas... Sólo en una ciudad tan especial como Barcelona puede acontecer algo así. Lo mismo compartes hierba con perro flautas que pijos de pantalones blancos. Mucha comida alternativa y saludable y un grupo minoritario de herejes dándole a las grasas saturadas, entre los que nos encontrábamos, como no podía ser de otra manera.
No deja de sorprenderme la libertad que se respira en esta ciudad para ser y dejar ser. Aunque no creo que sea necesario vestirse zarrapastroso por el hecho de comer tofu y meditar.
En todo caso, este es el sitio ideal para atreverte a cualquier cosa.
Siempre merece la pena venir, sólo son quince minutos de distancia. Una cuenta atrás que me reconecta y me recuerda que vivo, y que me gusta hacerlo desde la alegría.
Barna es ancha... De calles y de mentalidad.
Barna es ancha... De calles y de mentalidad.
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