Hoy me he comprado una libreta nueva, más grande, con más hojas... para llevarla conmigo y sobre todo para escribir en la piscina.
Estoy dando sitio a ese impulso que me ha acompañado siempre y que ahora por fin le doy aire: escribir. Mediante este blog y a través de un relato, me atrevo a dar pasitos a través de las palabras hacia mí misma.
Antes de comprar la libreta me he quedado un buen rato en el pasillo de los libros, recorriendo con la mirada todos los libros expuestos, como hago siempre. Ante tamaños talentos siempre me achico, y me digo que yo no soy capaz de contar historias como toda esa gente. Si acaso puedo escribir sobre mi y no de forma muy ordenada, aún no.
El caso es que hoy una vocecita se ha permitido salir a escena y decirme: " ¡pues claro que puedes!" " lo llevas todo dentro" . Y en ese punto me he dado cuenta de que escribo lo que tengo que escribir en este momento, escribo sobre mi. Primero tengo que vaciarme, sacar a escena todas las voces calladas tanto tiempo, darle paso a las emociones escondidas en recodos de mis venas... No sé hacerlo de otro modo, solo tengo las palabras, y eso que tengo la opinión de que a veces las palabras lo joden todo.
Primero he de contar mi historia, en primera persona. Creo que es la única manera de que después pueda contar historias ajenas sin que los personajes estén secuestrados por mis emociones.
Ahora lo complicado es encontrar postura tumbada en la toalla para escribir en mi libreta. A mano, eso sí, a mi la inspiración me viene sin teclado.

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