Las ocho. Cierro el libro, recojo la toalla, objetivo cumplido.
- ¿Cuál es el objetivo?-
- Gastar el día-
¿Gastar el día? ¿Pero qué estoy diciendo? ¿En qué momento he dejado de vivir los días para gastarlos?
Y sin embargo es lo que hago, gasto los días, gasto las horas, contabilizo las actividades. Eso hago porque eso es lo que se supone que tengo que hacer. A más actividades más interesante es mi vida... Funciona asi ¿no?
-¿Qué haces todo el día?- Y yo me siento forzada a contestar enumerando actividades. Eso da valor social, eso te hace una persona interesante.
Hago, hago, hago.... ¿Pero quién soy mientras hago? ¿Quién camina? ¿Quién toma el sol? ¿Para quién leo?
No me importa tener el cuadro de actividades vacío al final del día, lo que me importa realmente, es haber sido Yo al menos cinco minutos de ese día que gasto.
A lo que aspiro, es a dar un paso por mi, y otro, y otro más; a caminar de la forma que mi cuerpo tiene de hacerlo, sintiendo cada músculo, cada crugir de mi articulación que protesta. Aspiro a acompañarme a mi misma cada vez que voy de compras, a regalarme lo que me hace sentir bien. Aspiro a no usar el teléfono si no es para compartir...
Aspiro a no perderme de vista mientras vivo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario