Estoy sacando atrasos de besos y abrazos con estos dos duendes. ¡Qué bien me sientan! Con la cantidad de palabras bonitas que tiene el castellano y yo sin usarlas... Me sorprendo pronunciando cariño, cielo, amor, reina, rey, guapa, guapo, preciosa, precioso...
Pensé que estaba falta de abrazos (que también), pero me doy cuenta de que disfruto mucho más dándolos. Me gusta dar amor. Le sienta bien a mis neuronas. Me ablanda, relaja mi mandíbula, incluso creo que me adelgaza.
Si me enfado, no puedo mantenerlo mucho tiempo, cada vez me cuesta más permanecer en la arruga del entrecejo. Vivir con el rubio embaucador y el buda cagón me está sacando mi lado más payaso y más atrevido.
¡Qué regalazo me ha dado la vida! Recuperar el asombro, el placer de la risa, darle rienda a la ternura, conversar desde la pureza, sin interpretaciones; aplaudir ante un plato vacío, empujar una silla con la misma alegría que si fuera del brazo de George Clooney...
Sin esperarlo, sin buscarlo, sin desearlo... Soy madre.
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