Anoche contemplé estrellas nuevas, desde entonces las veo hasta con sol radiante. Me gustaron, me impactaron, me acariciaron y me deslumbraron. Y ya me puedo contar todos los cuentos que me conté después: que si tampoco son para tanto, que las estrellas son estrellas no más, que total siempre van a estar ahí... Que no, que me muero por volver a verlas; aunque las fugaces se me escaparan y no alcanzara a ver su estela.
Desayuno, como y ceno vida.
Y ahora también la tomo en el aperitivo, en la merienda, en el pincho de antes de todo y en la infusión de después de todo.
La vida me persigue. Antes yo era más rápida y lograba evitarla; ahora no paro de doblar esquinas para encontrármela.
Se ha puesto gafas negras, como las mías... Aunque para ver las estrellas, nos las quitamos y cerramos los ojos.
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