Ya sólo me queda dejarme melena y celebrar una boda en el jardín, para ser como Diane Lane y su villa en la Toscana. No necesito tanta reforma, pero no me puedo quejar por la entrada de operarios en estos días. Aún no he cocinado para ellos, pero todo se andará.
Ventanas decoradas con flores, estanterías modernas con olor a pueblo, bambú en el jardín, una habitación con vistas, caracoles que forman parte de viejas puertas, un cabecero de colores... Esta es una casa con muchas posibilidades.
Los paseos aún se me quedan cortos, y encontrar un mercadona ha resultado ser una pequeña aventura. Pero ¿qué importa no tener cerca a tu hacendado favorito si el droguero nos trae los productos a domicilio? ¡Menudo lujo! Claro que cualquier día va a tener que venir a cobrar el potente bote desatascador; se nos escapan los quehaceres entre tornillos y agujeros que no cuadran.
Ya estoy deseando que sea otra vez de día para salir a saludar al sol con el pequeño buda. Esto ya es un hogar casi con costumbres. Pinta a estampa familiar: sofá, portátiles encima, tele como animal de compañía y dedos escribiendo palabras... Cada una las suyas.
Primeros días en la casita azul (aunque a alguien le suene repipi...)

No hay comentarios:
Publicar un comentario