La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

martes, 14 de agosto de 2012

La palmera ...

Acabo de leer un texto de esos que alimentan el alma. Solo que yo estoy inapetente. 
Dice que la palmera, a pesar de creer bajo el sol del desierto y sin apenas agua, es un verdadero alquimista. Transforma arena en azúcar. Nos ofrece sus dátiles, el más dulce de los frutos. Hace una reflexión de cómo florece y fructifica en las peores condiciones.

Pues si yo fuera palmera ahora mismo, los dátiles se extinguirían. No consigo recuperar la ilusión.
Sé que yo misma he provocado mis decepciones creando tantas expectativas. Pero el daño está hecho. 
Me ha creado una especie de parálisis emocional. Que igual es lo que necesito. Que igual tenía mi propio mundo de yupi y no me enteraba de cómo iban las cosas. 

La decepción anula la alegría. Pero como decía el gran Facundo Cabral, no es que estés triste, deprimida o decepcionada. Es solo que estás despistada.

Pues me despisté. 

No soy una palmera, menos mal. Soy una mujer despistada que se va aclarando...
Acabo de mover los labios para sonreir y he descubierto que puedo hacerlo!

No vivo en las peores condiciones. Todo lo contrario. ¿A qué esperar, pues, para dar mi propio fruto?

Decidido, me compro un mapa, para no despistarme y perderme más.

                                                              

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