Me gustan las personas mayores. Me encanta escucharlas.
Recuerdo que en los veranos que pasábamos en el pueblo, me encantaba ir con mi madre a las solanas que formaban las mujeres de la plaza. Era un gusto verlas hacer ganchillo y escucharlas hablar. Hablaban de sus cosas, de las cosas de antes, de sus juventudes, de sus vidas. Hasta aprendí a hacer ganchillo muy pequeña. Me enseñó una abuela de esas que son abuelas de todo el mundo.
No sé a qué responde esta atracción, es difícil poner en palabras las sensaciones que me causaban. No sé, había un calor especial, un sabor a espontaneidad, a vida vivida y aceptada, a sabia experiencia. A pesar de la dureza de sus vidas, se las veía satisfechas. Aprendieron a quedarse con lo bueno sin juzgar lo menos bueno. Y se acompañaban.
Aún recuerdo el sonido de la aguja en la bandeja mientras picoteaban y ataban los chorizos en las matanzas. Se ayudaban unas a otras. Se sentaban alrededor de la mesa camilla y con una maestría que me hipnotizaba, preparaban los chorizos (en mi pueblo se llama longaniza). Y tenían el detalle de hacernos, a las más pequeñas, pinganillos de longaniza pequeñitos, que después se metían en los rescoldos de la lumbre y sencillamente eran gloria bendita.
Me gustaba verlas.
Ahora ya casi no quedan, se han ido todas. Pero quedan sus hijas, que ya mayores también, toman el relevo. Ya no hacen ganchillo, es una pena. Pero aún sigo disfrutando al escucharlas. Mis hermanas mayores son las que conversan, a mi me gusta escuchar. Siempre hay alguien que me cuenta cosas de mi madre. De su vida cuando yo no la conocía.
Hoy he tenído otra visión de mi madre a través de la experiencia de mi prima (ya mayor). La hija de su hermana. Mi madre sabía acoger, lo hizo siempre. Ella recibió muchos desprecios en su vida, sin embargo los curó abriendo las puertas a todo el que quisiera entrar. Y doy fe, de que fueron muchos los que entraron.
Hemos hecho una pequeña solana esta tarde. Sentadas en la piedra que siempre hay a la puerta de una casa de pueblo. La genética se ha encargado de devolver a esas hermanas un hueco en el tiempo. Imposible no ver a mi tía en mi prima. Imposible no ver a mi madre en mi hermana y en mi.
Esto siempre me deja un saborcito rico.

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