Hola infiltrada.
Me acabo de tomar una cerveza muy fría en una jarra blanca de porcelana. Sublime. Ahora estoy bajo los efectos de la cebada embotellada. Para no sentirme culpable por las patatas fritas que la han acompañado, me iré a caminar bajo las estrellas en cuanto salgan. Bueno, las estrellas siempre están ahí ¿no?
Siento decepcionarte, pero la lengua no se me desata. Verás, es que estoy en una noche oscura. Ahí en medio del túnel negro. Túnel black. Pero oye, que acabo de leer que si estás en el túnel es la leche. Eso quiere decir que estás a punto de salir a la luz. En el caso de que no retrocedas, claro. Ay! espera! que tengo un calabacín en la sartén (momento Nerón, menos mal que siempre se me enciende la lucecita antes del desastre...)
Ya estoy. Pues eso, que llegar hasta el túnel es toda una proeza. Asi que yo feliz. También decía el texto que tranqui, que te acostumbres a la oscuridad y te mantengas ahí, que en un momentito sale la luz y te abraza. Con lo que me gustan a mi los abrazos! (qué manía de ortografía inglesa).
Oye ¿tú crees que la luz tiene brazos? ¿ O será más bien un abrazo cósmico? Te lo cuento en cuanto lo sepa.
Me han chivado algo, lo confieso. Ya sabes tú que hay seres por ahí que te dejan pistas y tal. Y bueno, me han dicho que igual, al final del túnel, pues que puede estar Barcelona.
Ya, lo entiendo, te estabas imaginando una carta de Dios o algo por el estilo. Pues va a ser que no. Fíjate si hasta tengo Ave para ir!
Oye, ya te sigo contando en otro momento. Es que está anocheciendo y tengo que salir a caminar y a sentir que en mi túnel también hay preciosas estrellas. Tres, para ser exactos. Y que se vienen a Barcelona.
Deja de estudiar psicología... En verano, sólo en verano.

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