Dice la abuela Margarita ( una mujer deliciosa que destila sencillez y es un referente en sabiduría ancestral) que cuando quiere algo se lo pide a ella misma. Siguiendo su sabio consejo, hoy me voy a pedir unas cositas.
A ver preciosa (o sea, yo misma) ve apuntando:
Me pido un entrenador personal de esos que te hacen correr para no perder de vista su trasero. Porque es indudable que yo iré detrás de él. Que haga conmigo ejercicios de calentamiento y estiramientos, por la lesiones, no más.
También quiero un profesor de percusión, para tocar los bongos (bongós, según wikipedia). Que tenga rastas, of course! Y a ser posible que esté fumao todo el día, para perderme en el ritmo y en los efluvios del profe. Que con un poco de suerte hacemos un viaje de grupo y realizo mi sueño de ir a Jamaica. De paso el profe... Mueve las rastas.
Por supuesto quiero un masajista para mi sufrida espalda (llegue donde llegue). Que me quite las contracturas, que relaje mis gemelos cargadísimos de perseguir al entrenador; que haga juegos de magia con mis doloridas manos de tanto tocar el bongo, que ... Seguiré pensando.
Claro, claro ¡cómo olvidarme! Tráeme también un madurito (no excesivamente, más bien tirando a joven mayor), delicado, dulce, amoroso, tierno, alegre..... Vale, vale, un pibón interesante. Que se muera por mi body (en contínua evolución) y lo más importante; que me espere a la salida del entrenamiento, del ensayo y del masaje.
Ay! ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario