Me había olvidado que allá por el mes de agosto, me prometí recordar que cuando todo mi ser pide con humildad; cuando pido con el corazón, con el alma, con la angustia, Dios siempre responde.
Ahora, después de una ducha reconfortante (me gusta hacerlo siempre que tengo un día de llanto), puedo reconocer y agradecer las respuestas que he recibido.
Siempre responde, siempre lo hace. Claro que hasta que llego aquí ya he pasado por mi calvario particular. No estoy en condiciones de asegurar que esto haya acabado ya. No lo creo. Es el puro agotamiento emocional y físico que me da un respiro.
Mi mente tiene pilas como para estar tres vidas enredando, pero la voy a hipnotizar con una peli de esas que te tocan la fibra en forma de magia y seres pequeños de alma grande. "Willow", la habré visto como tres o cuatro veces, pero si hoy han decidido reponerla, será por algo.
Gracias por la música.
Gracias por la verdad desnuda.
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