Me duele Armand Amar.
Me duele el poema de los átomos.
No hay nada más que decir...
Y mi mente no calla.
Me duele la seguridad que me has ofrecido hoy.
Me anuncias grandes cambios, en verdad grandes, pero a mi me han empequeñecido.
Me duele un corazón que cambia de color.
Me duele tu rastro.
Me duele el tacto del terciopelo.
Me duele una luz roja parpadeando, que a veces es verde.
Me duele mi lamento, profundamente. Porque un lamento ha de doler y rasgar para que te despierte. Y aniquile tu lógica. Y desbroce a brazadas el bosque de tus demonios. Y te pese, y te aflija hasta ahogarte. Porque ahí, sólo pensarás en respirar.
Inhalar... Exhalar.
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