La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Locura intestinal ...

Mis interiores se agitan. No les molesta el exceso de estos meses. Creo que les revuelve la necesidad de aprobación que busco en tripas ajenas. Y con toda la razón. ¡Qué sabrán otros interiores de lo que sale de los mios!

Al fin y al cabo ellos hacen todo el trabajo sucio. No es justo que después de crear, integrar y desintegrar todo lo que a mis neuronas se les ocurre, luego vaya a pedirle opinión a intestinos ajenos. Que vete a saber tú, el atasco de información que tienen aún por procesar.

Pero a todo intestino que se precie, le encanta organizar digestiones ajenas. ¿Acaso me equivoco? ¿No te has sorprendido alguna vez, o varias, recetándole a los interiores ajenos todo un método de digestión para sus lentos procesos?

¿Cómo vas a saber tú la longitud de mis tripas? Los recodos, las vueltas... ¿Cómo voy a saber yo las pausas que necesitan las tuyas para procesar?

¿Por qué me empeño en tomar decisiones desde otros interiores? Es una locura intestinal.

Están cabreados. Sobre todo el que se encarga de soltar. Con la paciencia que tiene reteniendo todo lo que me es imposible liberar, debe molestarle mucho que pida consejo a extraños, para que al final sea él el que tenga que hacer el trabajo sucio.

Lo siento. Lo he vuelto a hacer. En vez de escuchar para adentro, que no necesito demasiada audición, me dedico a escuchar para afuera, que requiere de todo un ejercicio extremo para mis dañados oídos.

No me queda otra. Os acompaño en el cabreo. Soportando con gratitud los efectos secundarios.


                                               
                                                                           

                                                           
                                                                 

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