Tú me dices que no puedes, y el caso es que yo no te he pedido nada. Representas tan bien la fugacidad, la brevedad... Un fuego artificial, eso has sido, de los de palmera que me gustan tanto.
Otro tú espera que sea yo la que pueda. En este lado de la cama no me encuentro cómoda. Yo espero y recibo, o no. Pero no soy la que va y la que da.
Es mi código morse, lo sé.
También tú, lo tuyo es lo peor de llevar. Tus maneras ponen a prueba las mías cada día. Me potencias y me arrastras sin pretenderlo. Y esto me sacude más que un día de viento.
¿Y la niña creciendo quizás? ¿Otra infracción? Demasiadas sanciones para tan poco atrevimiento.
¿Entonces voy o no voy? Tú me dirás: si tienes que pensarlo tanto es que la cosa no va... O tal vez me sueltes eso de: entre hacer y no hacer, hacer siempre.
¿Y si te digo que me tira para atrás el saber que voy a ir muchas veces?
¡Qué pereza!
¿Puedes adelantarte y hacer el dossier? Es para no tener que tirar de pasado cuando vaya y así ahorrarme el proceso de llegar hasta aquí.
Bueno, es economista. Seguro que entenderá mi ahorro en palabras.
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