La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

miércoles, 13 de marzo de 2013

Llueve ...

Me sentí bien, muy bien. Era una de tantas Casas del Libro, y era uno de tantos presentando su libro: Walter Risso, Desapegarse sin anestesia... Para valientes. Relaja mucho saber que eso del apego no es sólo cosa tuya. 

Estaba petado de gente riendo sus gracias, es muy bueno en directo. ¡Cómo envidio tanto talento! Fue capaz de hacerme creer que estábamos los dos solos en la sala, hablándole de cara y sin anestesia al desapego.

Eso fue ayer. 

Hoy de nuevo nos hemos desayunado los errores al compás de la lluvia. Aún no ha parado, es una lluvia bonita, pero oscura. No me ayuda nada, la verdad; o tal vez sí. Con sol todo te parece bien y te vale cualquier piedra para sentarte, en cambio el frío que trae la lluvia me hace cruzar los brazos y tomar contacto conmigo misma. Aunque no sé si quiero mucho contacto ahora, la verdad. Se está mejor en la inconsciencia consentida.

Ni siquiera he salido al jardín. No he podido dar de comer al gato que me adoptó ayer. Tiene los ojos amarillos, no sé qué le motivó a acercarse (además del hambre) y acariciarme; porque el que me acarició fue él, o ella, es que no entendiendo de sexo de animales. 

Ahora estoy escribiendo esto a duras penas, el pequeño buda está reclamando mi atención y creo que se queda con ganas de tirarme el portátil por la ventana. Así que me voy a tirar al suelo con él y me voy a dar una dosis de autenticidad infantil, sin moral ni egos cabrones que van de interesantes mientras te joden la naturalidad.

¿Tú tienes algo que contarme? ¡Pues hazlo! Que así no hablamos siempre de mí. 




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