Es un poco incongruente ponerle velas a los muertos ¿no crees? Ellos ya están en la luz. Por eso hoy, mientras me acercaba con la monedita de la mano, he decidido encenderlas por mi y por mi amiga Black, para ponerle luz a nuestro proyecto.
He ido a hablar con Teresa (de Jesús), y de mi tierra. No sé si era santa, no me importa. Entre otras cosas porque no entiendo qué distingue a una persona santa de otra. Me gusta la mujer que fue. Cuando la miro, no veo coronas ni transverberaciones varias. No siento su arrobamiento. Veo a una mujer con ovarios en funcionamiento, con arrojo, decisión, con ganas de cambiar lo establecido.
Siempre he pensado que los hábitos eran su pasaporte para escapar de una vida de calceta y abnegación al caballero de turno. Se buscó a sí misma entre conventos y caminos. Puso su mirada en quien le daba sentido a todo. ¿Y quién no? ¿Acaso no buscamos siempre una ayuda en el infinito?
Si hubiera nacido en América habria conquistado el oeste, estoy segura. Y de ser hombre bien hubiera podido ser Marco Polo (por lo menos). Nació en tierra recia y fría. Eso te hace mirar hacia dentro, eso nos marca. Quizás por eso sus palabras tengan tanto calor.
Mujer sabia.
Con ella he ido a hablar. La he pedido que me contagie, que junto con mi tropa, mueva hilos para que suceda eso que ha de suceder.
Teresa que tuviste la osadía de creer y creaste, enséñame.

Amen.
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