Dos amigas de película en momento carrefour. Una cumple años al día siguiente, la otra no ha encontrado el regalo especial que merece. En una locura sin precedentes, decide regalarle un viaje a Barcelona a las siete de la tarde. Pedazo de chantaje emocional, imposible rechazar el regalo, ella adora Barna.
Maletas listas en diez minutos, Ford Ka emocionado y lo suficiente para no pasar hambre en siete horas. Salen a las nueve, en una noche de casi luna llena y sin tener ni pajotera idea de cómo ir. Pero con la seguridad de que la vida les pide que lo hagan.
En algún lugar de la provincia de Zaragoza, son las doce en punto. Felicidades, le desea la amiga, hoy empieza todo.
No sé en qué kilómetro pasaron bajo un meridiano de color verde, a una hora en que los sueños se sueñan. Solo que para ellas esa noche los sueños decidieron despertar.
Barcelona. Ancha. Con las luces encendidas y taxis insomnes. La peli de aventuras cambió decorados. Un hotel fantasma al que ninguna calle lleva, y una calle queriendo atraparlas. Ni la lluvia, ni las miradas perdidas de los operarios limpiadores, consiguen que se desvanezca ni un ápice la emoción por el guión sin escribir.
Como un guiño divertido, ante semejante noche de lluvia, se hospedan en el Río Nilo. Pero no hay ningún egipcio guapo en la recepción. Sólo alguien sorprendido e incómodo. Debió ser impactante, para su aburrida noche, ver entrar a la hora del té de las estrellas, semejante torrente de vida. Con el detalle de la cama matrimonial tendrán risas por años.
Ya es el día siguiente. Los colores del mercado de la Boquería decoran su desayuno. Caminan del brazo, poderosas, irresistibles.
Saborean cafés, calles, risas, croquetas, confidencias, deseos, paseos bajo la lluvia, saludos de desconocidos con gafas, luces de navidad, encuentros...
Buscan a un Santo y encuentran un cáliz que las calienta los huesos, el alma y los deseos. Imposible no repetir, otro cáliz, un tercero, un cuarto...
Apenas hay seis personas más, pero ellas lo llenan todo. El italiano de mujer triste, aún debe de estar planteándose el divorcio.
No se sabe en qué momento pasan del helado de chocolate a servir cerveza detrás de la barra. El socio simpático cierra el local para ellas. Hasta el taxista que las lleva al Nilo, es idóneo para esta peli. Extraño como él solo, haciéndose entender con la amiga que no cumple años, mientras que la que los cumple está ocupada en dejar que lo añejo no siga más con ella.
Doce de la mañana del día siguiente al cumpleaños. Cierran la puerta de la habitación. Se cierra el telón. No sin antes asegurarse de haber dejado olvidado un cáliz por compartir. Tendrán que volver.
Fin.
La Palabra es tan libre que da pánico...
(Benedetti)
viernes, 30 de noviembre de 2012
jueves, 29 de noviembre de 2012
Desde lo alto ...
Son demasiado altos. No tienen término medio. O te elevan a equilibrios imposibles, o te pegan al asfalto. Te rompen, te machacan. Le roban el protagonismo a cualquier día especial. De hecho, el recuerdo que te queda es si fueron demasiado insufribles o no.
A pesar del alivio que te proporciona quitártelos, veneras el momento de ponértelos. Son el broche final, el toque mágico que da vida al resto.
De nada sirve que tu pies protesten aún sin pisar el suelo. Toca llevarlos y punto. Aún a riesgo de parecer un pato pisando nieve, nada te hace sentir más elegante.
Esperas todas las miradas ahí, ya te encargas tú de que reciban reojos de admiración, o no. En todo caso que miren. Que abran la boca, que pronostiquen torceduras varias.
Tú te sientes poderosa, altiva y tremendamente sexy.
¡Qué carajo! Duelen que te pasas ¡pero qué bien sientan unos tacones!
A pesar del alivio que te proporciona quitártelos, veneras el momento de ponértelos. Son el broche final, el toque mágico que da vida al resto.
De nada sirve que tu pies protesten aún sin pisar el suelo. Toca llevarlos y punto. Aún a riesgo de parecer un pato pisando nieve, nada te hace sentir más elegante.
Esperas todas las miradas ahí, ya te encargas tú de que reciban reojos de admiración, o no. En todo caso que miren. Que abran la boca, que pronostiquen torceduras varias.
Tú te sientes poderosa, altiva y tremendamente sexy.
¡Qué carajo! Duelen que te pasas ¡pero qué bien sientan unos tacones!
domingo, 25 de noviembre de 2012
Momentos ...
No me sale escribir. Estoy saboreando momentos. Y si los escribo, los rompo.
Prueba a pasarte despacio, muy muy despacio la yema de los dedos por tu rostro, mientras escuchas esa música que te toca la médula. Hazlo con toda la delicadeza, como si acariciaras la mejilla de un recién nacido. Sigue el contorno de tus labios, tu nariz. Siente tus ojos, la fuerza de tus párpados que pugnan por abrirse. Ofrécele a tu mentón la suavidad de tus uñas.
Hazlo lento, demórate. Y si en la emoción de sentirte, te acompaña una lágrima, deja que llegue libre hasta tu pecho.
Así aderezo el sabor de mis momentos. Esos que mi retina fotografía y archiva en un álbum, que nunca muestro.
No me sale escribir... Estoy sintiendo.
Prueba a pasarte despacio, muy muy despacio la yema de los dedos por tu rostro, mientras escuchas esa música que te toca la médula. Hazlo con toda la delicadeza, como si acariciaras la mejilla de un recién nacido. Sigue el contorno de tus labios, tu nariz. Siente tus ojos, la fuerza de tus párpados que pugnan por abrirse. Ofrécele a tu mentón la suavidad de tus uñas.
Hazlo lento, demórate. Y si en la emoción de sentirte, te acompaña una lágrima, deja que llegue libre hasta tu pecho.
Así aderezo el sabor de mis momentos. Esos que mi retina fotografía y archiva en un álbum, que nunca muestro.
No me sale escribir... Estoy sintiendo.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Señales de humo ...
Me saludaste como quien se dice hola cada mañana. Apenas fui consciente de que te contestaba, cuando me quise dar cuenta solo quedaba el escalofrío que me provocó tu corriente. Tuve que preguntar quién eras, aunque no me enteré de mucho. Me debatía entre serle fiel a mi fisio o ponerle los cuernos contigo.
Te olvidé. Al fin y al cabo solo eras un osteópata tomando una crema para tu consulta. Solo que lo vaciaste todo.
Hace dos días que pienso en señales de humo. ¿Para qué fumas en pipa si no? Al menos por unos instantes, tus ojos me hablaron a mi. Me quedé allí en medio, sin poder hacer otra cosa. Tres veces te aparté la mirada, las mismas que la volví y te encontré.
Tu barba de cuatro días me pica nada más despertarme. Me gusta pensar que buscas mis ojos al abrir los tuyos. ¿Te atreviste a preguntar quién era yo?
No sé nada de ti, pero sé lo suficiente: me miraste. Y desde entonces ando con la mirada vidriosa, buscando señales, aunque sean de humo.
Me he quedado prendada en tu estela, en el olor a masaje de tus manos y en el incienso de tu pipa.
Estás ahí, en el pestañeo que une tu mundo con el mío.
Te olvidé. Al fin y al cabo solo eras un osteópata tomando una crema para tu consulta. Solo que lo vaciaste todo.
Hace dos días que pienso en señales de humo. ¿Para qué fumas en pipa si no? Al menos por unos instantes, tus ojos me hablaron a mi. Me quedé allí en medio, sin poder hacer otra cosa. Tres veces te aparté la mirada, las mismas que la volví y te encontré.
Tu barba de cuatro días me pica nada más despertarme. Me gusta pensar que buscas mis ojos al abrir los tuyos. ¿Te atreviste a preguntar quién era yo?
No sé nada de ti, pero sé lo suficiente: me miraste. Y desde entonces ando con la mirada vidriosa, buscando señales, aunque sean de humo.
Me he quedado prendada en tu estela, en el olor a masaje de tus manos y en el incienso de tu pipa.
Estás ahí, en el pestañeo que une tu mundo con el mío.
martes, 20 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
A tu vera ...
Mañana todos a tu vera hermana. Como tú has estado siempre a la de todos.
No me va a gustar verte malita, pero me gusta estar contigo. Tu presencia siempre me hace sentirme en casa. Me aportas paz. Sabes despojarme de la mochila de la preocupación como nadie. Me alivias.
Es reconfortante escuchar lo que siempre me dices cuando me llamas para decirme que has venído de fin de semana: "estoy aquí". Entonces sé que todo está en orden. No sólo me alimentas, también sacias mi espíritu.
Quizá se espera de mi que deje todo por estar a tu lado. Estaré amada hermana, pero no haré mía la cama de hospital. Si tu mirada me busca, allí estaré en cuerpo y alma para ti.
Eres tan afortunada que tendríamos que poner turnos para darnos el gusto de cuidarte. Sólo he visto esa clase de adoración de un marido hacia su esposa en nuestro padre. Y me emociona ver cómo a tu marido, no se le ha borrado el amor cuando te mira.
Tus hijas y tu hijo son tu mejor versión. Da gusto contemplar el hogar que has creado. No se me ocurriría robarles ni un pedacito de espacio para estar a tu lado.
Yo sé el amor que me profesas, desde siempre. No creo que pueda devolverte tanto como me has dado, al menos en esta vida no. Me siento la más afortunada de las hermanas.
Cariño, ahora déjanos que te prodiguemos cuidados y afectos. Te toca recibir, es hora de equilibrar.
Mañana todos contigo. Tengo la seguridad de que mamá tomará tu mano en el quirófano. A papá le costará un poco más, pero con su presencia te lo dirá todo. Sujetará los hombros de mamá, te protegerá. Y ese hermano nuestro te regalará su mejor sonrísa, que es preciosa, ya lo sabes. Te alentará. Vendrá para recordarte que cada uno tenemos nuestro propio camino.
Fuera estaremos todos los demás, con el alma encogida, pero plena de luz para ti.
Todo va a salir bien.
No me va a gustar verte malita, pero me gusta estar contigo. Tu presencia siempre me hace sentirme en casa. Me aportas paz. Sabes despojarme de la mochila de la preocupación como nadie. Me alivias.
Es reconfortante escuchar lo que siempre me dices cuando me llamas para decirme que has venído de fin de semana: "estoy aquí". Entonces sé que todo está en orden. No sólo me alimentas, también sacias mi espíritu.
Quizá se espera de mi que deje todo por estar a tu lado. Estaré amada hermana, pero no haré mía la cama de hospital. Si tu mirada me busca, allí estaré en cuerpo y alma para ti.
Eres tan afortunada que tendríamos que poner turnos para darnos el gusto de cuidarte. Sólo he visto esa clase de adoración de un marido hacia su esposa en nuestro padre. Y me emociona ver cómo a tu marido, no se le ha borrado el amor cuando te mira.
Tus hijas y tu hijo son tu mejor versión. Da gusto contemplar el hogar que has creado. No se me ocurriría robarles ni un pedacito de espacio para estar a tu lado.
Yo sé el amor que me profesas, desde siempre. No creo que pueda devolverte tanto como me has dado, al menos en esta vida no. Me siento la más afortunada de las hermanas.
Cariño, ahora déjanos que te prodiguemos cuidados y afectos. Te toca recibir, es hora de equilibrar.
Mañana todos contigo. Tengo la seguridad de que mamá tomará tu mano en el quirófano. A papá le costará un poco más, pero con su presencia te lo dirá todo. Sujetará los hombros de mamá, te protegerá. Y ese hermano nuestro te regalará su mejor sonrísa, que es preciosa, ya lo sabes. Te alentará. Vendrá para recordarte que cada uno tenemos nuestro propio camino.
Fuera estaremos todos los demás, con el alma encogida, pero plena de luz para ti.
Todo va a salir bien.
sábado, 17 de noviembre de 2012
¿Quién se come las señales ... ?
... Porque si estuviérais ahí todo sería más fácil.
Si nos dejárais pedacitos de pan en forma de señales no nos perderíamos tanto. En todas las búsquedas siempre hay un mapa y algún pirata con el pedazo faltante. En la desesperación de la pérdida, aparece un mago o un elfo; o quizá una bruja, pero todos te muestran un rumbo. El acertijo sería más fácil de descifrar si nos lo diérais escrito, en vez de tener que ir descubriendo caras en las que confiar.
Algunas confunden mucho. Crees entrever un mensaje escondido para ti en sus ojos, anhelas esa palabra reveladora que te confirme que tu santo grial está cerca, tanto que pudieras tocarlo en su rostro. Pero solo te atrapan en su sombra. Y cansada de la búsqueda, te adormeces en la oscuridad, agradeciendo el descanso de lo irreal. Tanto que casi lo disfrutas como el remedio maravilloso a tu locura.
Y de nuevo descubres que alguien se comió los pedacitos de pan. Que erraste, otra vez. Otro rostro por buscar. Hallarlo confiando en la inercia de la mirada. Sin magos, ni elfos. Sin hadas madrinas ni brujas. Tienes que atreverte, lanzarte sin saber si es luz o sombra.
Anhelarlo como mi santo grial, sin saber nunca si la chispa que ilumina su rostro estaba en él, o la he llevado yo.
Porque si existiera un mundo mágico al otro lado, de alguna manera nos llegaría su magia. Y si algún conjuro oscuro ha cerrado la puerta de acceso, exijo que manden a un salvador para que rompa el hechizo.
Quiero rastros de pan que me marquen la senda; duendes que me susurren tu nombre, hadas madrinas que me embellezcan a golpe de varita mágica, elfos rubios que me protejan y te quiero a ti, mi santo grial. Sin sombra que me confunda, sin mapa incompleto.
Que en tu transparencia me vea en ti. Y ahí me quede.
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Sin puntos aparte ...
Recién llegada. Vegetando en mi sofá amarillo tirando ya a marrón. He puesto el telediario de las 20:00. Por darme una dosis de realidad; llevo semanas sin saber lo que pasa en el mundo. Claro que con saber lo que pasa en el mío creo que es suficiente. Confieso que me da igual, lo veo todo ajeno a mi. ¿Irresponsable? Pues si me mides por los parámetros habituales, probablemente lo seré. Me sigue dando igual. Ahora mismo lo único que me motiva es tomar ibuprofeno para intentar parar este dolor de cabeza que lleva todo el día conmigo. Claro que para eso tengo que levantarme del sofá amarillo tirando ya a marrón. Y comer algo. Es que no sé a qué hora cenar, estoy despistada. Como últimamente lo hacía en compañía y según llegaran los vientos... Acabo de rechazar una tortilla de patata que podría haber solucionado todo este dilema. Pero es que estoy fangosa. Ya sabes, ese estado en el que te pones pijama, no te duchas, buscas en tu mp4 las canciones más tristes, te las pones, y te las vuelves a poner; hasta que te pongan mucho más triste de lo que estás y te hagan llorar. Y llores sin consuelo, porque no hay nadie que te lo de. Y entonces te sientes mucho peor todavía, y te revuelcas aún más en el fango, dándote lástima por lo mucho que tú mereces y lo poco que tienes. Y te pones mimosa, y como queriendo decir algo importante les mandas wassap a la gente para que te atiendan. Sin olvidar meter una carita amarilla de esas tan tristes que seguro provocará un ¿te pasa algo? ¿Y esa carita triste? ¡Conseguido! Ahora ya puedes soltar toda tu pena murcia mientras sigues revolcándote en el fango. Pues nada, eso :-(. Si quieres me puedes escribir o algo.
martes, 13 de noviembre de 2012
Silencio silencioso ...
Se me hace grande. Mis escasos sesenta metros cuadrados de hogar, me parecen infinitos. He reinado y dominado en ese espacio por años; pero ahora se me hace grande.
¿Quién dice que la paz es silenciosa? A veces el silencio puede ser terriblemente ruidoso. Siempre he pensado que la tristeza te lleva a ti; que se necesita silencio para tocar tus propios posos, esos que se van quedando ahí, porque el acceso nos resulta complicado.
Yo he tenído silencio, de calidad. Me ha traído sosiego y calma. He tenído tiempo para encontrarme en cada rincón de mi casa, para reconocerme en cada espejo. He limpiado las telarañas de cada esquina. La soledad no me es ajena; aun así me he celebrado con la mejor copa, he bailado en mi salón hasta agotarme y me he regalado viandas memorables.
¿Qué ha ocurrido, entonces? Pues que la han llenado. La han volteado. La siento con vida, usada. Y ahora no puedo ni imaginármela vacía. ¿El ruído puede traer paz? Pues si, lo trae.
Irremediablemente se irán, y yo, que ya estoy volteada, me perderé en mi propio orden y silencio. Porque resulta que en ese volteo me he encontrado y reconocido. Resulta que me gusta desayunar en compañía y que se coman mi tostada. Tantos detalles...
Ya no tengo series favoritas que ver al final del día. Mi rutina ya no es imprescindible.
Tanto adiestrar las emociones, pensaba que así era suficiente... Joer, me siento sin usar. Y ahora que me estoy usando, apenas me reconozco (¡felizmente!).
Ni esterilla necesito ya para meditar. Me paso el día haciéndolo mientras observo a estos duendes descolocadores de vidas atrofiadas.
Ni toda la lógica, ni el razonamiento consiguen devolverme la triste cordura aprobada por el pensamiento único. Os quiero en mi vida, en mi casa. Amo vuestro ruído.
Probablemente, antes de que yo te contagie mi "ordenada vida", me contagies tú, tu "desastrosa vida", pero ¡qué carajo! Llevo semanas sin dolor de cabeza ¡eso debe de significar algo!
Y ahora ¿cómo lo hago? ¿Cómo gestiono el silencio silencioso de cada rincón? Que yo lo que quiero es que me volteen y me sigan volteando. Paso de mirarme apegos, chantajes emocionales, dependencias y estupideces varias en nombre del crecimiento interior y la madre que lo parió.
Me gusta estar en compañía, quiero compartir mi vida, mi jabón, mi toalla y mi nevera. Punto.
He tardado en darme cuenta, vale. Pensaba que la independencia es un valor (que lo es), que eso compensaba todo lo demás (gran error). Quiero ser independiente acompañada, a todas horas. Excepto en el baño.
¡Quiero que llegues ya hombre!
O que os quedéis ...
¿Quién dice que la paz es silenciosa? A veces el silencio puede ser terriblemente ruidoso. Siempre he pensado que la tristeza te lleva a ti; que se necesita silencio para tocar tus propios posos, esos que se van quedando ahí, porque el acceso nos resulta complicado.
Yo he tenído silencio, de calidad. Me ha traído sosiego y calma. He tenído tiempo para encontrarme en cada rincón de mi casa, para reconocerme en cada espejo. He limpiado las telarañas de cada esquina. La soledad no me es ajena; aun así me he celebrado con la mejor copa, he bailado en mi salón hasta agotarme y me he regalado viandas memorables.
¿Qué ha ocurrido, entonces? Pues que la han llenado. La han volteado. La siento con vida, usada. Y ahora no puedo ni imaginármela vacía. ¿El ruído puede traer paz? Pues si, lo trae.
Irremediablemente se irán, y yo, que ya estoy volteada, me perderé en mi propio orden y silencio. Porque resulta que en ese volteo me he encontrado y reconocido. Resulta que me gusta desayunar en compañía y que se coman mi tostada. Tantos detalles...
Ya no tengo series favoritas que ver al final del día. Mi rutina ya no es imprescindible.
Tanto adiestrar las emociones, pensaba que así era suficiente... Joer, me siento sin usar. Y ahora que me estoy usando, apenas me reconozco (¡felizmente!).
Ni esterilla necesito ya para meditar. Me paso el día haciéndolo mientras observo a estos duendes descolocadores de vidas atrofiadas.
Ni toda la lógica, ni el razonamiento consiguen devolverme la triste cordura aprobada por el pensamiento único. Os quiero en mi vida, en mi casa. Amo vuestro ruído.
Probablemente, antes de que yo te contagie mi "ordenada vida", me contagies tú, tu "desastrosa vida", pero ¡qué carajo! Llevo semanas sin dolor de cabeza ¡eso debe de significar algo!
Y ahora ¿cómo lo hago? ¿Cómo gestiono el silencio silencioso de cada rincón? Que yo lo que quiero es que me volteen y me sigan volteando. Paso de mirarme apegos, chantajes emocionales, dependencias y estupideces varias en nombre del crecimiento interior y la madre que lo parió.
Me gusta estar en compañía, quiero compartir mi vida, mi jabón, mi toalla y mi nevera. Punto.
He tardado en darme cuenta, vale. Pensaba que la independencia es un valor (que lo es), que eso compensaba todo lo demás (gran error). Quiero ser independiente acompañada, a todas horas. Excepto en el baño.
¡Quiero que llegues ya hombre!
O que os quedéis ...
lunes, 12 de noviembre de 2012
Efluvios cerveceros ... O no.
A día de hoy aún no sé si al final me hubiera achicado con mi pedido. Pero a juzgar por lo que me remueve tu aparición después de tanto tiempo, no creo que mi intuición estuviera de vacaciones por aquel entonces.
Probablemente tú estés a años luz de estos pensamientos (fijo que lo estás). Pero no creo que te dejara impasible. Eres de los que se miran sus cosas, seguro que esto te dio para unas cuantas reflexiones.
Qué le voy a hacer, me gustan mis locos impulsos. Me encanta permitírmelos. Hoy, que me siento mucho menos condicionada, te volvería a descolocar. Solo que lo haría más divertido y con menos público. Le quitaría las sábanas a tus muebles sin usar y a los míos, mientras desempolvamos nuestros instintos.
Que la vida es sencilla, querido monje zen, y perdemos muchos y buenos momentos de celebración mientras nos perdemos en reflexiones imposibles.
Hay que vivirse. Y si te apetece, nos vivimos un rato en tanto que nos descolocamos y le sacamos el brillo a nuestros muebles.
Pues eso...
domingo, 11 de noviembre de 2012
Tacto ...
Se necesita un poco de tormento para escribir hondo. Y yo ahora estoy tranquila.
Nono el gato, se pasea por mi teclado, mientras que pluto, el perro, se sienta a mi lado disfrutando de la calidez que nos proporciona un sol de noviembre. Algo debo de estar haciendo bien. Me sorprendo acariciando seres que antes me hacían temblar. Todo cambia, doy fe.
Me gusta el contacto. Es tan bello acariciar... ¿Cómo podemos permitirnos prescindir de ello? Necesitamos tocar y ser tocados. Nada habla tanto como un abrazo. Si tomas la mano del que llora frente a ti le ofreces toda tu presencia.
Me apena la comunicación aséptica. Que nada me toque, que nada me contamine. Hoy los pequeños duendes me han curado una herida leve con agua de un charco ¿se puede pedir más? Ellos sacan mis más tiernas caricias, me enseñan cada rato a tomar las suyas cuando llegan.
Me gusta consolar. Con el tacto, con el calor que desprende el amar, con el silencio de un abrazo... ¿Acaso una palabra puede transmitir tanto?
Si mi amiga llora en mi cocina, acerco mi taburete y le tomo la mano. Cuando mi hermana está enferma y me lo cuenta, me levanto y la abrazo. Gestos impensables en mi. Sin embargo nunca transmito tanto como cuando le dejo a mi cuerpo que hable.
El gesto más consolador que recuerdo de mi madre, es cómo acarició mi cara cuando llegué un día del colegio con faringitis. No me dio una aspirina, ni me puso el termómetro. Tomó mi cara y pasó sus manos consoladoras por ella. Nunca he sentido tanto consuelo. Se ha quedado ahí, grabado en mis circuitos.
¡Nos contenemos tanto...! Los perdemos: al abrazo negado, al beso al aire, al apretón de manos flojo. Nunca vuelven, por mucho que los añoremos.
Me gusta transmitir calor, presencia. Que tú si estás frente a mi, sientas que soy una contigo.
Me gusta acariciar...
Nono el gato, se pasea por mi teclado, mientras que pluto, el perro, se sienta a mi lado disfrutando de la calidez que nos proporciona un sol de noviembre. Algo debo de estar haciendo bien. Me sorprendo acariciando seres que antes me hacían temblar. Todo cambia, doy fe.
Me gusta el contacto. Es tan bello acariciar... ¿Cómo podemos permitirnos prescindir de ello? Necesitamos tocar y ser tocados. Nada habla tanto como un abrazo. Si tomas la mano del que llora frente a ti le ofreces toda tu presencia.
Me apena la comunicación aséptica. Que nada me toque, que nada me contamine. Hoy los pequeños duendes me han curado una herida leve con agua de un charco ¿se puede pedir más? Ellos sacan mis más tiernas caricias, me enseñan cada rato a tomar las suyas cuando llegan.
Me gusta consolar. Con el tacto, con el calor que desprende el amar, con el silencio de un abrazo... ¿Acaso una palabra puede transmitir tanto?
Si mi amiga llora en mi cocina, acerco mi taburete y le tomo la mano. Cuando mi hermana está enferma y me lo cuenta, me levanto y la abrazo. Gestos impensables en mi. Sin embargo nunca transmito tanto como cuando le dejo a mi cuerpo que hable.
El gesto más consolador que recuerdo de mi madre, es cómo acarició mi cara cuando llegué un día del colegio con faringitis. No me dio una aspirina, ni me puso el termómetro. Tomó mi cara y pasó sus manos consoladoras por ella. Nunca he sentido tanto consuelo. Se ha quedado ahí, grabado en mis circuitos.
¡Nos contenemos tanto...! Los perdemos: al abrazo negado, al beso al aire, al apretón de manos flojo. Nunca vuelven, por mucho que los añoremos.
Me gusta transmitir calor, presencia. Que tú si estás frente a mi, sientas que soy una contigo.
Me gusta acariciar...
martes, 6 de noviembre de 2012
No lo eres ...
No tienes super-poderes-protectores. No eres mi pilar. ¡Cuánta carga te he derivado! Es el momento de que te devuelva a tu sitio.
Solo eres mi hermana mayor, una de ellas y de ellos. Tú no me sostienes, eso lo hago yo. Tu apoyo es imprescindible en mi vida, pero tú no me sostienes.
Mi vida no corre peligro si tú flaqueas. Habrá dolor, pero seguiré siendo mi propio pilar.
Adelante, suelta papeles asignados. Muestra tu debilidad, exige que los cuidados te sean devueltos al doscientos por cien. Tómate tu tiempo para vivir desde tu enfermedad. Decidas lo que decidas desde ahí, lo respetaré.
Son mis pies los que me caminan en equilibrio.
Solo eres mi hermana mayor, una de ellas y de ellos. Tú no me sostienes, eso lo hago yo. Tu apoyo es imprescindible en mi vida, pero tú no me sostienes.
Mi vida no corre peligro si tú flaqueas. Habrá dolor, pero seguiré siendo mi propio pilar.
Adelante, suelta papeles asignados. Muestra tu debilidad, exige que los cuidados te sean devueltos al doscientos por cien. Tómate tu tiempo para vivir desde tu enfermedad. Decidas lo que decidas desde ahí, lo respetaré.
Son mis pies los que me caminan en equilibrio.
viernes, 2 de noviembre de 2012
¿De dónde lo saco ...?
Yo quería contar que unos duendes han dibujado en mi pared. Y que se han apropiado de mi sofá amarillo, de los canales de televisión y de mi tiempo.
Yo quería contar que me han invadido dulcemente, poniéndole vida a cada rincón de mi casa. Han desordenado mi soledad, arrebatándome de un plumazo tantas horas de fingida individualidad.
Y llegas tú, mi sostén, mi pilar, mi refugio. Y dices lo que dices, y todo se rompe.
Otra vez el fantasma genético, esta vez te ha invadido a ti. La primera vez nos pilló desprevenidos. Y a traición se llevó a uno de los nuestros. Pensábamos que ya habíamos pagado el tributo ¿aún queréis más?
Me niego, no puedo, no quiero... ¡No! ¡Tú no!
Que le den al puto árbol genealógico, al puto gen maligno, que no quiero lealtades que te arrastren desde el inconsciente, que te quiero aquí, conmigo, como siempre.
Que no, que no puedo mentalizarme, ni integrarlo, ni ser fuerte. Que estoy cansada. ¿De dónde saco yo el aliento para que mis palabras te reconforten? Yo soy la hermana pequeña, tu protegida, a mi no me toca hacer esto, se supone que siempre ibas a estar ahí.
Tengo a mi lado a un duende riendo como solo un niño sabe hacerlo, y me hace sonreír mientras tecleo. Pero no puedo evitar pensar que a él también le van a engañar, al final todos se irán. Y por primera vez me enfada mi séptimo puesto si esto significa ir despidiendo.
No quiero más realidad sangrante, quiero mi mundo de yupi. Tengo sobredosis de realidad.Vivida en primera persona, en segunda, en tercera y en cuarta.
No quiero verte en una cama de hospital, te necesito en tu cocina, haciéndome filetes rusos. Prefiero que me pidas que te depile las cejas, aunque me de pereza. O que me des el consejo de turno cuando te digo que me ahogo en el trabajo, aunque hables desde el miedo.
Te puse de número vip favorito y gratis en mi móvil, y eso solo se hace con la gente indispensable. Con la que te aguanta la pierna encima cuando duerme contigo; y la que más tarde conspira para que te regalen tu primera BH. O la que te cose a mano el colchón para tu primer coche de capota.
Eres mi alivio. ¿Y ahora me dices que tengo que aliviarte yo? ¿Yo? No, no no. Eso va contra natura.
Tú no puedes resquebrajarte, porque si lo haces mi mundo se desmorona. Me quedo sin pilares. Si lo haces, nos conviertes en huérfanos a todos. Ni siquiera he podído integrar la ausencia del primer sacrificado por amor a la genética. No me hagas ni siquiera acercarme a la posibilidad de tu pérdida, porque no lo soportaría.
Pérdida tras pérdida. Hacéis que me rompa. Me he recompuesto ya cuatro veces, si te cuento a ti, amiga del alma que te marchaste la primera. ¿Tenéis idea del vapuleo que esto le supone a mi alma? Abandono tras abandono...
No lo hagas hermana, ni se te ocurra abandonarme. Porque será en tu casa donde le presente a todos, cuando llegue. Tendrás que aconsejarme en los momentos de incertidumbre y subirme la moral como solo tú sabes hacerlo. Sosegándome.
No lo hagas, ni se te ocurra. No rompas el cordón, por favor no.
Yo quería contar que me han invadido dulcemente, poniéndole vida a cada rincón de mi casa. Han desordenado mi soledad, arrebatándome de un plumazo tantas horas de fingida individualidad.
Y llegas tú, mi sostén, mi pilar, mi refugio. Y dices lo que dices, y todo se rompe.
Otra vez el fantasma genético, esta vez te ha invadido a ti. La primera vez nos pilló desprevenidos. Y a traición se llevó a uno de los nuestros. Pensábamos que ya habíamos pagado el tributo ¿aún queréis más?
Me niego, no puedo, no quiero... ¡No! ¡Tú no!
Que le den al puto árbol genealógico, al puto gen maligno, que no quiero lealtades que te arrastren desde el inconsciente, que te quiero aquí, conmigo, como siempre.
Que no, que no puedo mentalizarme, ni integrarlo, ni ser fuerte. Que estoy cansada. ¿De dónde saco yo el aliento para que mis palabras te reconforten? Yo soy la hermana pequeña, tu protegida, a mi no me toca hacer esto, se supone que siempre ibas a estar ahí.
Tengo a mi lado a un duende riendo como solo un niño sabe hacerlo, y me hace sonreír mientras tecleo. Pero no puedo evitar pensar que a él también le van a engañar, al final todos se irán. Y por primera vez me enfada mi séptimo puesto si esto significa ir despidiendo.
No quiero más realidad sangrante, quiero mi mundo de yupi. Tengo sobredosis de realidad.Vivida en primera persona, en segunda, en tercera y en cuarta.
No quiero verte en una cama de hospital, te necesito en tu cocina, haciéndome filetes rusos. Prefiero que me pidas que te depile las cejas, aunque me de pereza. O que me des el consejo de turno cuando te digo que me ahogo en el trabajo, aunque hables desde el miedo.
Te puse de número vip favorito y gratis en mi móvil, y eso solo se hace con la gente indispensable. Con la que te aguanta la pierna encima cuando duerme contigo; y la que más tarde conspira para que te regalen tu primera BH. O la que te cose a mano el colchón para tu primer coche de capota.
Eres mi alivio. ¿Y ahora me dices que tengo que aliviarte yo? ¿Yo? No, no no. Eso va contra natura.
Tú no puedes resquebrajarte, porque si lo haces mi mundo se desmorona. Me quedo sin pilares. Si lo haces, nos conviertes en huérfanos a todos. Ni siquiera he podído integrar la ausencia del primer sacrificado por amor a la genética. No me hagas ni siquiera acercarme a la posibilidad de tu pérdida, porque no lo soportaría.
Pérdida tras pérdida. Hacéis que me rompa. Me he recompuesto ya cuatro veces, si te cuento a ti, amiga del alma que te marchaste la primera. ¿Tenéis idea del vapuleo que esto le supone a mi alma? Abandono tras abandono...
No lo hagas hermana, ni se te ocurra abandonarme. Porque será en tu casa donde le presente a todos, cuando llegue. Tendrás que aconsejarme en los momentos de incertidumbre y subirme la moral como solo tú sabes hacerlo. Sosegándome.
No lo hagas, ni se te ocurra. No rompas el cordón, por favor no.
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