La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

viernes, 30 de noviembre de 2012

Basado en hechos reales ...

Dos amigas de película en momento carrefour. Una cumple años al día siguiente, la otra no ha encontrado el regalo especial que merece. En una locura sin precedentes, decide regalarle un viaje a Barcelona a las siete de la tarde. Pedazo de chantaje emocional, imposible rechazar el regalo, ella adora Barna.

Maletas listas en diez minutos, Ford Ka emocionado y lo suficiente para no pasar hambre en siete horas. Salen a las nueve, en una noche de casi luna llena y sin tener ni pajotera idea de cómo ir. Pero con la seguridad de que la vida les pide que lo hagan.

En algún lugar de la provincia de Zaragoza, son las doce en punto. Felicidades, le desea la amiga, hoy empieza todo.

No sé en qué kilómetro pasaron bajo un meridiano de color verde, a una hora en que los sueños se sueñan. Solo que para ellas esa noche los sueños decidieron despertar.

Barcelona. Ancha. Con las luces encendidas y taxis insomnes. La peli de aventuras cambió decorados. Un hotel fantasma al que ninguna calle lleva, y una calle queriendo atraparlas. Ni la lluvia, ni las miradas perdidas de los operarios limpiadores, consiguen que se desvanezca ni un ápice la emoción por el guión sin escribir.

Como un guiño divertido, ante semejante noche de lluvia, se hospedan en el Río Nilo. Pero no hay ningún egipcio guapo en la recepción. Sólo alguien sorprendido e incómodo. Debió ser impactante, para su aburrida noche, ver entrar a la hora del té de las estrellas, semejante torrente de vida. Con el detalle de la cama matrimonial tendrán risas por años.

Ya es el día siguiente. Los colores del mercado de la Boquería decoran su desayuno. Caminan del brazo, poderosas, irresistibles.

Saborean cafés, calles, risas, croquetas, confidencias, deseos, paseos bajo la lluvia, saludos de desconocidos con gafas, luces de navidad, encuentros...

Buscan a un Santo y encuentran un cáliz que las calienta los huesos, el alma y los deseos. Imposible no repetir, otro cáliz, un tercero, un cuarto...

Apenas hay seis personas más, pero ellas lo llenan todo. El italiano de mujer triste, aún debe de estar planteándose el divorcio.

No se sabe en qué momento pasan del helado de chocolate a servir cerveza detrás de la barra. El socio simpático cierra el local para ellas. Hasta el taxista que las lleva al Nilo, es idóneo para esta peli. Extraño como él solo, haciéndose entender con la amiga que no cumple años, mientras que la que los cumple está ocupada en dejar que lo añejo no siga más con ella.

Doce de la mañana del día siguiente al cumpleaños. Cierran la puerta de la habitación. Se cierra el telón. No sin antes asegurarse de haber dejado olvidado un cáliz por compartir. Tendrán que volver.

Fin.


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