A día de hoy aún no sé si al final me hubiera achicado con mi pedido. Pero a juzgar por lo que me remueve tu aparición después de tanto tiempo, no creo que mi intuición estuviera de vacaciones por aquel entonces.
Probablemente tú estés a años luz de estos pensamientos (fijo que lo estás). Pero no creo que te dejara impasible. Eres de los que se miran sus cosas, seguro que esto te dio para unas cuantas reflexiones.
Qué le voy a hacer, me gustan mis locos impulsos. Me encanta permitírmelos. Hoy, que me siento mucho menos condicionada, te volvería a descolocar. Solo que lo haría más divertido y con menos público. Le quitaría las sábanas a tus muebles sin usar y a los míos, mientras desempolvamos nuestros instintos.
Que la vida es sencilla, querido monje zen, y perdemos muchos y buenos momentos de celebración mientras nos perdemos en reflexiones imposibles.
Hay que vivirse. Y si te apetece, nos vivimos un rato en tanto que nos descolocamos y le sacamos el brillo a nuestros muebles.
Pues eso...

No hay comentarios:
Publicar un comentario