Se me hace grande. Mis escasos sesenta metros cuadrados de hogar, me parecen infinitos. He reinado y dominado en ese espacio por años; pero ahora se me hace grande.
¿Quién dice que la paz es silenciosa? A veces el silencio puede ser terriblemente ruidoso. Siempre he pensado que la tristeza te lleva a ti; que se necesita silencio para tocar tus propios posos, esos que se van quedando ahí, porque el acceso nos resulta complicado.
Yo he tenído silencio, de calidad. Me ha traído sosiego y calma. He tenído tiempo para encontrarme en cada rincón de mi casa, para reconocerme en cada espejo. He limpiado las telarañas de cada esquina. La soledad no me es ajena; aun así me he celebrado con la mejor copa, he bailado en mi salón hasta agotarme y me he regalado viandas memorables.
¿Qué ha ocurrido, entonces? Pues que la han llenado. La han volteado. La siento con vida, usada. Y ahora no puedo ni imaginármela vacía. ¿El ruído puede traer paz? Pues si, lo trae.
Irremediablemente se irán, y yo, que ya estoy volteada, me perderé en mi propio orden y silencio. Porque resulta que en ese volteo me he encontrado y reconocido. Resulta que me gusta desayunar en compañía y que se coman mi tostada. Tantos detalles...
Ya no tengo series favoritas que ver al final del día. Mi rutina ya no es imprescindible.
Tanto adiestrar las emociones, pensaba que así era suficiente... Joer, me siento sin usar. Y ahora que me estoy usando, apenas me reconozco (¡felizmente!).
Ni esterilla necesito ya para meditar. Me paso el día haciéndolo mientras observo a estos duendes descolocadores de vidas atrofiadas.
Ni toda la lógica, ni el razonamiento consiguen devolverme la triste cordura aprobada por el pensamiento único. Os quiero en mi vida, en mi casa. Amo vuestro ruído.
Probablemente, antes de que yo te contagie mi "ordenada vida", me contagies tú, tu "desastrosa vida", pero ¡qué carajo! Llevo semanas sin dolor de cabeza ¡eso debe de significar algo!
Y ahora ¿cómo lo hago? ¿Cómo gestiono el silencio silencioso de cada rincón? Que yo lo que quiero es que me volteen y me sigan volteando. Paso de mirarme apegos, chantajes emocionales, dependencias y estupideces varias en nombre del crecimiento interior y la madre que lo parió.
Me gusta estar en compañía, quiero compartir mi vida, mi jabón, mi toalla y mi nevera. Punto.
He tardado en darme cuenta, vale. Pensaba que la independencia es un valor (que lo es), que eso compensaba todo lo demás (gran error). Quiero ser independiente acompañada, a todas horas. Excepto en el baño.
¡Quiero que llegues ya hombre!
O que os quedéis ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario