Yo quería contar que unos duendes han dibujado en mi pared. Y que se han apropiado de mi sofá amarillo, de los canales de televisión y de mi tiempo.
Yo quería contar que me han invadido dulcemente, poniéndole vida a cada rincón de mi casa. Han desordenado mi soledad, arrebatándome de un plumazo tantas horas de fingida individualidad.
Y llegas tú, mi sostén, mi pilar, mi refugio. Y dices lo que dices, y todo se rompe.
Otra vez el fantasma genético, esta vez te ha invadido a ti. La primera vez nos pilló desprevenidos. Y a traición se llevó a uno de los nuestros. Pensábamos que ya habíamos pagado el tributo ¿aún queréis más?
Me niego, no puedo, no quiero... ¡No! ¡Tú no!
Que le den al puto árbol genealógico, al puto gen maligno, que no quiero lealtades que te arrastren desde el inconsciente, que te quiero aquí, conmigo, como siempre.
Que no, que no puedo mentalizarme, ni integrarlo, ni ser fuerte. Que estoy cansada. ¿De dónde saco yo el aliento para que mis palabras te reconforten? Yo soy la hermana pequeña, tu protegida, a mi no me toca hacer esto, se supone que siempre ibas a estar ahí.
Tengo a mi lado a un duende riendo como solo un niño sabe hacerlo, y me hace sonreír mientras tecleo. Pero no puedo evitar pensar que a él también le van a engañar, al final todos se irán. Y por primera vez me enfada mi séptimo puesto si esto significa ir despidiendo.
No quiero más realidad sangrante, quiero mi mundo de yupi. Tengo sobredosis de realidad.Vivida en primera persona, en segunda, en tercera y en cuarta.
No quiero verte en una cama de hospital, te necesito en tu cocina, haciéndome filetes rusos. Prefiero que me pidas que te depile las cejas, aunque me de pereza. O que me des el consejo de turno cuando te digo que me ahogo en el trabajo, aunque hables desde el miedo.
Te puse de número vip favorito y gratis en mi móvil, y eso solo se hace con la gente indispensable. Con la que te aguanta la pierna encima cuando duerme contigo; y la que más tarde conspira para que te regalen tu primera BH. O la que te cose a mano el colchón para tu primer coche de capota.
Eres mi alivio. ¿Y ahora me dices que tengo que aliviarte yo? ¿Yo? No, no no. Eso va contra natura.
Tú no puedes resquebrajarte, porque si lo haces mi mundo se desmorona. Me quedo sin pilares. Si lo haces, nos conviertes en huérfanos a todos. Ni siquiera he podído integrar la ausencia del primer sacrificado por amor a la genética. No me hagas ni siquiera acercarme a la posibilidad de tu pérdida, porque no lo soportaría.
Pérdida tras pérdida. Hacéis que me rompa. Me he recompuesto ya cuatro veces, si te cuento a ti, amiga del alma que te marchaste la primera. ¿Tenéis idea del vapuleo que esto le supone a mi alma? Abandono tras abandono...
No lo hagas hermana, ni se te ocurra abandonarme. Porque será en tu casa donde le presente a todos, cuando llegue. Tendrás que aconsejarme en los momentos de incertidumbre y subirme la moral como solo tú sabes hacerlo. Sosegándome.
No lo hagas, ni se te ocurra. No rompas el cordón, por favor no.

No hay comentarios:
Publicar un comentario