La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

domingo, 11 de noviembre de 2012

Tacto ...

Se necesita un poco de tormento para escribir hondo. Y yo ahora estoy tranquila.

Nono el gato, se pasea por mi teclado, mientras que pluto, el perro, se sienta a mi lado disfrutando de la calidez que nos proporciona un sol de noviembre. Algo debo de estar haciendo bien. Me sorprendo acariciando seres que antes me hacían temblar. Todo cambia, doy fe.

Me gusta el contacto. Es tan bello acariciar... ¿Cómo podemos permitirnos prescindir de ello? Necesitamos tocar y ser tocados. Nada habla tanto como un abrazo. Si tomas la mano del que llora frente a ti le ofreces toda tu presencia.

Me apena la comunicación aséptica. Que nada me toque, que nada me contamine. Hoy los pequeños  duendes me han curado una herida leve con agua de un charco ¿se puede pedir más? Ellos sacan mis más tiernas caricias, me enseñan cada rato a tomar las suyas cuando llegan.

Me gusta consolar. Con el tacto, con el calor que desprende el amar, con el silencio de un abrazo... ¿Acaso una palabra puede transmitir tanto?

Si mi amiga llora en mi cocina, acerco mi taburete y le tomo la mano. Cuando mi hermana está enferma y me lo cuenta, me levanto y la abrazo. Gestos impensables en mi. Sin embargo nunca transmito tanto como cuando le dejo a mi cuerpo que hable.

El gesto más consolador que recuerdo de mi madre, es cómo acarició mi cara cuando llegué un día del colegio con faringitis. No me dio una aspirina, ni me puso el termómetro. Tomó mi cara y pasó sus manos consoladoras por ella. Nunca he sentido tanto consuelo. Se ha quedado ahí, grabado en mis circuitos.

¡Nos contenemos tanto...!  Los perdemos: al abrazo negado, al beso al aire, al apretón de manos flojo. Nunca vuelven, por mucho que los añoremos.

Me gusta transmitir calor, presencia. Que tú si estás frente a mi, sientas que soy una contigo.

Me gusta acariciar...


                                               

No hay comentarios:

Publicar un comentario