La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

martes, 23 de octubre de 2012

Autocrítica, hoy toca ...

Sí, sí. Mucho abismo, mucho me quiero tirar; mucho hay que meterle acción al cambio... Ya. Pero a la hora de la verdad de nuevo el acojone.

Y para justificarme le meto un poquito de drama al tema, que eso siempre da pena y te exculpa.

Vaya papelón que estoy interpretando. Ni Shakespeare los ponía tanta intensidad.

Vamos mojigata de las narices, espabila ¿es que crees que el tiempo se detiene para ti? Porque para no gustarte los procesos y amar lo inmediato te estás tomando cada paso como una cruzada. Eso en el mejor de los casos en que te atreves a dar el paso (mira tú, poeta y todo).

Qué bien te viene este blog ¿eh? Lo dejas aquí todo, en cuarentena, y así no tienes que gestionártelo. Vas de interesante, de tía que se mira las cosas, que le sabe dar otra visión a la vida...oh!

Hablas con Dios, con el universo, con los del otro lado... ¡Sencillamente fascinante! ¡Qué percepción!

Cómo te gusta enredarte tía. Cómo te gusta hacerte un puto discurso para las naciones unidas y después jugar a que te lo borras. ¡Anda ya!

Disfrutas sobremanera haciendo interpretaciones de las vidas ajenas, eso te pone mucho, sí. Es posible que de tanto hacerlo, alguna vez aciertes, pero no tienes más mérito que las gitanas leyendo manos ¡a ver si te enteras de una vez! Sólo ves lo que los otros quieren que veas, nada más.

Vamos, acéptalo, te jode que a los tíos les encante hablar contigo en vez de taparte la boca. Un par de frases están bien nena, pero el tema es el tema. Deja ya de hacerte la gatita que siempre acompaña, que absorbe las malas energías, que juega con un ovillo de lana... ¡Venga ya! ¡Que tú te sientes pantera!

Mira, si piensas seguir así, deja al menos de dar la coña con el cambio. Dedícate a hablar de cosas del espíritu, que eso lo bordas. Pero si la pantera quiere salir a escena, tendrás que permitirlo, de una santa vez.

Aburres. Me aburres hasta a mí, que soy tú.

Ya no hay asideros pasados ni ancestrales a los que agarrarse para la justificación. Este cuento ya no te vale, lo has desgastado más que el de la lechera.

Ahora mismo eres mediocre, tía. Si prefieres dar esa versión luego no te amargues porque todo lo que llegue a tu vida sea mediocre. No se puede vivir la excelencia desde la mediocridad. Y tú te empeñas.

Te pones las pilas sí o sí.

¡Ya!


                                                           

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