La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

viernes, 5 de octubre de 2012

Sin abrir ...

¿Qué haces con la maleta cuando vuelves?

Llegar siempre me desorienta. Hay un periodo de confusión mientras me voy acoplando a mi espacio. O a ese que creo es mi espacio.

Y dejo la maleta en medio de todo. Sin abrir. Como si con ese gesto atrapara la experiencia vivida.

Quizá si la mantengo sin abrir, no todo sea tan efímero, tan fugaz.

Y me he quedado pensando en mi propia imagen al salir de casa con una maleta de la mano. En realidad es como un salvavidas. Es como si se condensaran todas mis seguridades en ella. Todo lo que necesito está ahí dentro, tengo mi kit de supervivencia.

Si los planes se tuercen en medio del viaje, si surgen imprevistos, aun en medio de la nada; no importa, tengo mi maleta.

En cambio la imagen de la llegada, del retorno, siempre sabe a temor disfrazado de cansancio. De nuevo aquí, en la inseguridad de lo seguro, en la trampa de lo conocido. Las camisetas elegidas de vuelta al armario, los zapatos, el aseo... ¿Tanto espacio para el orden, o para desdoblarme en repisas, perchas y cajones hasta no encontrarme?

Es difícil mantener el orden en una maleta, pero no he encontrado un desorden que me ordene tanto.

La tengo ahí, en medio del pasillo. Es pequeña pero ¡tiene una presencia!

Vale por hoy, voy a ello. Toca deshacer que no temer. Me quedan muchas más maletas por hacer...


                                                           

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