Probablemente ni imagines mi urgencia. Estarás enredado en las tuyas. De haber sabido esto, seguramente hubiéramos pactado no demorarnos tanto.
Hoy no me apetece dar tantos rodeos. Me repanpinfla lo que esté por vivir mientras llegas. Igual viniste y no te vi. ¡Mierda! ¿No contemplamos esa posibilidad? Y si es así ¿por qué no insististe?
Entiendo que en frio no fue difícil determinar el punto de encuentro. Supongo que nos pareció importante adentrarnos en nuestros propios laberintos por separado. Y sí, un rato es hasta emocionante, pero ya no. Tardas demasiado.
Si terminaste tu laberinto, no me esperes en la puerta. Adéntrate en el mío. Pero hazlo por la puerta de salida, sería insoportable que te perdieras mientras me buscas.
Mira sea lo que sea lo que nos queda por aprender, lo hacemos juntos. Ya no puedo estar sin ti. No seas literal, sáltate lo que acordamos antes de existir.
Me he mirado y remirado mis sombras; y probablemente no acabe nunca, asi que no me pienso gastar la existencia sólo en aprender. Seguro que esto me cuesta otra vida, pero si me acompañas, por mi como si me tengo que reencarnar hasta el fin de los días.
Dame el tiempo que no te haga falta (lo dice la canción que escucho), a mi dámelo todo. Lo invertiremos en caricias en tu espalda (sigue la canción)... Y en la mía.
Probablemente ni imagines mi urgencia... Ponte a imaginarla, por favor.

No hay comentarios:
Publicar un comentario