Si ha de venir el tiempo de la verdad desnuda, que así sea.
La verdad sin rostros, sin ropajes. Si ha de venir, que llegue. En el reflejo del espejo, en el sofá amarillo, entre las sábanas térmicas.
Si ha de hablarme, que hable. Con las llamadas diarias, con los telegramas verdes, con las camas de hospital, con su manto.
Si ha de acariciarme, que me roce. Con ojos de duende, con el color oscuro, con juegos de frontón, con la promesa.
Si ha de vivir en mí, que viva.
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