Que no me compares situaciones. Que ni lo intentes.
Ahórrate tus advertencias catastrofistas. No me protejas, no me limites, no me asustes con experiencias ajenas.
Guárdate tu miedo paralizante, deja que yo escriba otra historia, deja que la escribamos.
Que ya he tocado su mierda y he reconocido sus miserias. ¿Y sabes qué? Tiene el mismo color que la mía.
Ni se te ocurra imaginar algo mejor para mi desde tu óptica. Que yo llevo gafas, pero me cuido de cambiarlas a menudo.
Que esta es mi locura y es la suya. Y me recetas prozac porque me atrevo a salirme de la tuya, a tener una propia.
Yo sé que esto te quema. Menuda osadía, prender fuego en medio de tanta frialdad.
Tiene su lado cómico ver cómo intentas extinguirle sin éxito, como cuando soplas velas que no se apagan.
Que me quemo, hasta la médula y más allá. Que mis tuétanos lo saben, que están cerquita del alma.
Que no me esperes llegar vencida, cargada de derrota.
Que no...
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