¡Qué gusto! Ver como las natillas de chocolate os decoran mientras las tomáis viendo Caillou. Partirnos de risa cantando la canción de la hormiguita siempre con la u, mientras el duende de los ojos me dice "así no es..."
Con nadie he disfrutado tanto viendo subir y bajar aviones sin estar dentro; mientras improvisábamos un tobogán de tierra. Qué gusto disfrutar con licencia abierta.
El duende rubio siempre me sorprende con su conversación y es imposible resistirse a su encanto.
Tampoco sabía que con pequeñas piedrecitas y una carretilla de plástico se pueden hacer fuegos artificiales y lluvia. Eso el duende de los ojos lo borda.
Qué gusto sentir que os dejan ser, que vuestras decisiones se respetan.
Cansáis e ilumináis casi a partes iguales. Con el momento pijama disfruto especialmente, no hay nada que huela mejor.
Qué suerte la mía, que estos hermosos duendes me dejen entrar en su pequeño reino. Me siento muy afortunada.
Viven aún en la autenticidad y sé de buena tinta que su hada madrina se va a encargar de que siga siendo así.
Es simplemente genial... Venga chicos pulgar arriba.

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