Yo lo sé. Otra cosa es que no quiera saberlo. Conozco tus juegos, te metes en mi eco, te apropias de mi voz, anulas mi voluntad. Aprovechas mi debilidad, apareces en los momentos de soledad y te instalas en mi oído. Hablas, imploras, convences...
Me pones la película una y otra vez, me cambias los protagonistas, y consigues confundirme de nuevo. Eres un lobo que no termina de comerme nunca. Siempre con hambre, siempre perdonándome la vida... ¡Pues cómeme de una puñetera vez!
No sé qué hacer contigo; si luchar y que gane el mejor, si abrazarte y esperar a que me salgan colmillos, o correr sin parar para que no puedas alcanzarme... Pero siempre lo haces.
Me jodes la vida, me dejas vivir un tiempo y cuando menos lo espero me atacas. ¡Mírame! Llevo la marca de tus garras hasta en el alma.
¿Cómo acabo contigo? ¿Te integro y te dejo salir sólo en noches de luna llena? ¿Me aíslo en el bosque? ¿Desconfío de todos los corderos? ¿Te invento un cuento para que te quedes en él?
A esta historia lo que le falta es un final; un colorín colorado que me proclame vencedora al tiempo que te evaporas. Quizá tú también estés harto de repetir y repetir. Quizá mi única posibilidad para acabar contigo, sea inventar un final.
Quizá eso sí sea capaz de hacerlo...

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