Mi móvil se ha muerto.
Después del pánico inicial (el enganche es global, eso relaja), he salído corriendo hacia el centro comercial (Dios bendiga a carrefour por abrir hasta las 10). Durante el trayecto he ido pensando en todas las posibilidades y barbaridades a las que estaba dispuesta con tal de no quedarme sin whatsapp.
Tres chicas monísimas para atender al público. Más pánico, ¡oh Dios mío! ¿y si solo son monísimas? Creo que me ha tocado la más válida (Dios bendiga a las chicas monas y profesionales). Claro que no se requería mucha destreza, era solo tema de reinicio. O sea, sacar la tarjeta y volverla a meter. A mi no me mires, yo con sentir pánico tengo bastante. En mi infancia y adolescencia lo más cerca que estuve de la telefonía fue con un teléfono de plástico rosa. Ahora ya nacen con el chip informático puesto.
Total, que mis chicos zen aprovechan cualquier oportunidad para la lección de turno. Asi que mi zen del whatsapp se ha puesto a darme la coña con el tema del reinicio. Y visto como se han desarrollado estos últimos días una serie de acontecimientos; vamos que los acontecimientos se han ido al carajo, pues he decidido escucharle al zen y darle la razón.
Va a ser que sí, que necesito un reinicio. Voy a reiniciarme para darle otra visión a los hechos. Voy a reiniciarme para ponerle nuevas palabras a mis días. Estoy viviendo nuevos tiempos con enganche antiguo. Hay que reiniciar para que las actualizaciones se descarguen. Todo evoluciona.
Asi que esta noche programaré el reinicio en el momento justo en que mis ojos se cierren y pierda la conciencia, para no provocar ninguna interferencia con la programación antigua.
Espero despertarme totalmente actualizada.

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