La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tu calor ...

Amaneció triste y con lluvia este 26 de septiembre. No creo que veamos mucho el sol, al menos no tanto como cuando te marchaste hace ya ocho años.

Por fin nos llega la bendición de la lluvia. Me gusta, siento que lo purifica todo a su paso.

Últimamente no dialogo mucho contigo, lo hago más en grupo, con la tribu que os habéis pasado al otro lado. Parece que si te diluyo en ella, no me duele tanto.

Con el tiempo el dolor se extingue, pero crece la añoranza. Aunque tu presencia no se va nunca. Cada día te nombramos más cuando estamos juntas.

No sé qué me dirías en este momento, cuando te contara que ya no me voy a Barcelona. La vida habla y dice que ahora no. Otra reestructuración, una más... Sé que tu respuesta me reconfortaría, el instinto de una madre siempre es acertado

No he conseguido superarte del todo. Te sigo viendo en las señoras con bastón. Si están de pie tengo que hacer verdaderos esfuerzos por pensar que no las duele tanto como a ti. Y no te digo nada si me las encuentro comprando en el mercadona. Me asaltan todo tipo de temores: "¡no podrá con el peso!, ¿Quién le va a llevar la compra?, ¿Se aclarará con el cambio?, ¿Vivirá sola?"

A todas les quiero poner una silla, madre.

No sé cómo seguir, llevo diez minutos mirando la pantalla desde la última frase. Me he dado cuenta del efecto que produce en mi nombrarte. No necesito contarte nada, ni enumerar añoranzas. Ha salido el sol, me llega su calor a través de la ventana. Eso quiero, tu calor. ¿Para qué contarte? Si cuando digo madre, te lo digo todo.

                                                   


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