La Palabra es tan libre que da pánico...

(Benedetti)

lunes, 17 de septiembre de 2012

¿A qué le pones hielo? ...

Uff... Por fin lo hice. Ya le quité el hielo al congelador. Me estaba molestando la conciencia cada vez que lo abría, pero nunca encontraba el momento idóneo para hacerlo. Y esta mañana en un calentamiento global de mí misma he desenchufado para el deshielo.

Lo que me ha llevado a pensar (la cotidianeidad de la vida es un gran maestro) la cantidad de hielo que le ponemos a algunas situaciones. Dejamos que nos cubran capas y capas de hielo con tal de no solventar ese desencuentro con el amigo, o el padre, o el vecino.

Y cada vez es más difícil, porque el hielo paraliza, congela los sentimientos. Y a la vez nos quema, porque el hielo quema.

Cada quién sabe a qué le pone hielo. Lo que tengo en duda es si somos conscientes de que el hielo que creemos ponerle al de enfrente o a la situación de turno, solo nos enfría a nosotros.

Como siempre, al menos así lo creo, el que pone límites al final resulta ser el aislado. Tanta protección, tanta capa para que nada te toque, te hace intocable hasta para tí mismo.

El deshielo duele, ya lo creo. A mi me duele en la parte derecha. Y con más deshielo más dolor. 

Pero cuando me atrevo, cuando desenchufo, siempre ocurre lo mismo. Debajo del hielo hay vida.

Y esa vida me habla. Con los huesos, con la tripa, con lo que puede. Confieso que hago lo que puedo para entenderla (a la vida). Con la edad cuesta más aprender idiomas, y además se requiere tener buen oído. Cosa de la que carezco. Pero hago lo que puedo. Hacemos lo que podemos y mejor sabemos en cada momento. 

Quizá el hielo a veces nos de seguridad, pues perfecto, pero asegúrate de no mantenerte bajo cero demasiado tiempo. Al corazón le gusta el calorcito. 

Por cierto (y por relajar) a mi el hielo me encanta ponérselo a la crema de orujo... ¿Y a ti?

                                                        

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